Re: Quiero doblar el Cabo de Hornos II parte
El Mono es una persona y un personaje excepcional. Me consta que es una persona muy querida y admirada en su país, de hecho no se puede caminar por Ushuaia o por cualquier muelle, pantalán o fondeadero de la zona sin que venga alguien a saludarle.
Es una persona con una gran fuerza, física y mental, sanguíneo y vehemente, culto y conversador, una persona libre en el sentido más auténtico de la palabra. Incluso libertario diría. Lucha por su libertad y sabe que ha de pagar un precio por ello.
Unido a sus raices y conocedor de la historia de su país. Vive pegado a la matera.
Las veladas en el fondeo eran muy agradables, ya que sus experiencias darían para escribir un libro
Además ¿ Qué pueden hacer dos argentinos, una brasileño afincado en Buenos Aires y dos españoles sentados alrededor de una mesa? Hablar y hablar...al lado de una buena copa de vino, por supuesto.
El mono ha tenido tiempo para hacer de todo y recorrer medio mundo, no sólo ha sido navegante y regatista profesional sino que, además, fue jugador de Rugby de los pumas argentinos.
También quiero resaltar la figura de su mujer Susana, muy inteligente, fue la primera mujer en aprobar por oposición una plaza de escribana (notaria) en Argentina, en una época en que esto no era tan fácil. Extremadamente culta, amante, al igual que el Mono, de Serrat y Sabina. Gran conversadora y gran navegante. Una mujer con carácter.
De todos modos te mando un artículo que circula internet sobre el Mono
ALEJANDRO DA MILANO
El Mago del Sur
Difícilmente Alejandro Da Milano pase desapercibido.
Con su aspecto de duende gigante, El Mono, como se lo conoce entre los nautas ha
pasado más tiempo sobre cubierta —sobre muchas cubiertas— que en tierra firme.
Y no piensa pisar tierra más de lo indispensable.
Nacido en 1944, hijo de nautas aficionados,
hizo su primera navegación, con sólo un
mes de edad, a la Barra de San Juan
(ROU), destino al que volvió una y otra vez con sus
padres mientras iba adquiriendo esa naturalidad para
moverse en el agua que lo marcaría de por vida.
Su infancia hizo pie en el Tigre Sailing Club, para
saltar a los botes de vela en los que prosiguió su
aprendizaje. Recuerda que en bote a vela solía navegar
donde ahora están las canchas de fútbol y de
tenis de la isla Nazar Anchorena, en ese entonces
territorio virgen y apto para las incursiones de un
chico como él, que empezaba a sentirse más a gusto
sobre el agua que en tierra.
En los colleens y Río de la Plata del Tigre Sailing hizo
sus primeras armas deportivas, anotándose en
cuanta regata se organizaba.
Este marinero al que le quedan por recorrer menos
mares de los que ya navegó, tuvo su primera experiencia
oceánica a los 18 años, en una regata a Porto
Alegre, en el Noreste y con gente del Náutico, entre
los que recuerda especialmente a Eduargo Grognett.
La relación con los navegantes de nuestro Club es
parte ineludible de su historia, como sucede cuando
se crece en un ambiente donde, más allá del
muelle del que se zarpe —del club al que se pertenezca—,
una vez en el agua el espíritu marinero se
impone a todos los colores.
Tierra y mar
Sin proponérselo expresamente, las circunstancias
lo llevaron a dedicarle cada vez más
tiempo a la náutica, hasta que logró el sueño
de muchos: vivir de lo que más le gusta, en
su caso navegar. Entre una y otra regata, se dedicó
al traslado de naves a vela y también a sólo motor
entre distintos puertos. Buenos Aires, Punta del
Este, Rio de Janeiro; luego amplió su radio de acción
al Caribe, y finalmente la idas y venidas a
puertos europeos se hicieron habituales.
Las relaciones tejidas desde chico en el ambiente
náutico local le acercaron los primeros clientes, y
allí estuvo en primera fila Estanislao Kocourek, entonces
dueño del Matrero y años después del Victoria.
Con él corrió dos de las tres regatas Fastnet en que
participó, además de cinco Buenos Aires-Rio. Pero
fundamentalmente fue el hombre de confianza de
Kocourek, el que se ocupó de llevar y traer sus barcos
de un puerto a otro, o viajar a Le Havre para recibir
un velero transportado por ELMA y cruzar
navegando el canal de la Mancha, y hasta ser su administrador
durante la construcción del Victoria.
Después de algunos años de competir en regatas
oceánicas, el Victoria fue reformado, y ya como crucero
participó en la Colón 92, la regata del V Centenario.
Allí estuvo Da Milano, en el cruce de Cádiz
a Puerto Rico. Finalizada la regata había que
traer el barco a Buenos Aires y una vez más se hizo
cargo, esta vez en solitario; lo había preparado
con un timón de viento, que “hacía las guardias”
cuando él dormía.
“En solitario descansás mucho —dice—, no hay
conflicto de opiniones, comés lo que querés…”.
Sí, claro ¿y si hay tormenta?
“Ahhh, es lo mismo que si hubiera más gente, pero
más tranquilo… nadie se opone”.
Lo importante es navegar
La regata Buenos Aires-Rio lo contó repetidas veces
en distintas tripulaciones, la primera en el Jonnense,
después en el Cascabel I y en el Kual. Dos veces
corrió en el Matrero y tres con el Victoria.
Su primera participación en la Fastnet fue a bordo
del Shinda, y luego dos veces más como integrante
del team Matrero, una de ellas en 1979, edición tristemente
célebre por el terrible temporal que se abatió
sobre la flota. Con un saldo de 15 muertos, el
abandono de 23 barcos y varios hundimientos, se
recuerda como la peor tragedia de la náutica de
competición; afortunadamente, para el Matrero y su
tripulación no hubo mayores consecuencias.
( extraído de: http://www.cnsi.org.ar/N243-ArchPDF/N243-11-20.pdf)
Aquí timonendo desde el interior. Unido a su matera
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La vela hay que velarla, y si no, no largarla
" No soy un fulano con la lágrima fácil, de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano y si no aun me excita mi oficio ..............
Jamboequipoderegatas
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