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Arpoilari
 
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Predeterminado Re: HISTORIA: Gogoetak, Itxas memoria.. Recuerdos, memoria marinera.....








Azores, nuestros los caladeros más occidentales.

Solo su nombre ya evocaba aventura, mares fértiles, pescado en estado salvaje, un país menos desarrollado que el nuestro….
Las primeras campañas históricas a este archipiélago para pescar tunidos a tanqueo datan de primeros de los 70 del pasado siglo, después se dejó de ir, no conozco las razones, hubo dos o tres años de campañas donde algunos de los barcos más grandes y modernos de la flota se desplazaron a dicho archipiélago a probar fortuna una vez que la temporada de bonitos en el cantábrico comenzaba a terminar…

Y así discurrió década y media hasta que por un acuerdo entre el gobierno vasco ( aquí el ejecutivo español no intervino) y el gobierno portugués se consiguieron una serie de licencias única y exclusivamente para barcos vascos y que estos se desplazaran a aquellas aguas a pescar tunidos mediante sistema de cebo vivo, había 15 licencias para pescar por dentro de las 200 millas y para hacer cebo donde “ se quisiera”, las federaciones de Gipuzkoa y la de Bizkaia repartían las mismas entre los barcos que se apuntaban para ir.

Había que formar dos asociaciones de productores, Opegi creo recordar que era la Gipuzkoana y Opeskaia la de los Bizkainos.

La primera campaña fue la del otoño del 90, en octubre de aquel año salieron de Gipuzkoa barcos de los puertos de Mutriku, Getaria, Orio y Hondarribi y Bizkainos creo recordar que únicamente del puerto de Bermio, se pescaba entre islas, y también se podían usar las instalaciones portuarias como puntos logísticos de hielo, gasoil o viveres.

Los barcos hicieron dos mareas, pescaban en las islas, descargaban en Vigo y el pescado se traía en camiones a Getaria para la subasta, 800 millas de mar con los barcos sobrecargados en plena temporada de borrascas, cargados a la vuelta y cargados también de hielo, gasoil y viveres a la ida, barcos de madera gobernados por hombres de hierro, a alguno le basto una marea ( que económicamente resulto un éxito) para no volver otra vez y se vino para el este mientras la flota partia para otra marea a por otros tres o cuatro días de ruta.

Dos mareas trajeron los barcos, la mayoria con las neveras selladas, alguno llego a casa con las estopas de las entablaciones colgando, como si le lagrimearan las amuras.

Como experiencia piloto se ofreció la posibilidad de volver fuera de temporada, en febrero del 91 salieron otros 15 barcos de los puertos vascos, a medio camino les pillo una borrasca y los que allí estuvieron no lo olvidaron jamás, llegaron a las islas como pudieron, a uno llevaron a remolque una ola le barrio las cubiertas, perdió la red y esta se le engancho en la hélice dejando el barco sin gobierno y atravesado a una mar tempestuosa, contaban que los cuellos de los viveros de aluminio se doblaban como fuelles de acordeón, por suerte tenia barcos cerca y no hubo que lamentar desgracias y salvaron también el barco, pero no eran condiciones ni mares para aquella clase de barcos.

La campaña resulto un fracaso, a excepción de un barco del pueblo que pesco patudos y vendió en Algeciras, el resto no trajo pescado, fue la primera y la última, como decía un patrón, encima mala suerte, brancas y volvimos también brankaz, (siempre de proa al temporal).

Al final, nos tocó ir a nosotros, corría el convulso año 94 (que no dejo nada bueno, en mi casa al menos), en lo pesquero en abril tuvimos la llamada guerra de la antxoa, y en junio la del bonito, la costera de tunidos nos fue muy bien, entre mis apuntes tengo que el jueves 8 de septiembre entramos con 32 ton de bonito de 12 días de mar, eso en el contexto de la época era mucho pescado.
Rumbo a azores salimos de Getaria a Bermeo a por los permisos de pesca, cuando nos los dieron zarpamos de aquel puerto a las 6 de la tarde que empezó la aventura, era martes 11 de octubre y hacia buen tiempo, los Guipuzcoanos partíamos como avanzadilla, los de Bizkaia salieron al día siguiente.

Navegamos hasta llegar a estaca de bares al atardecer del siguiente día y de allí pusimos rumbo a las islas, tuvimos muy buen tiempo en la ruta, y sin ningún contratiempo llegamos a Faial la capital de Horta al amanecer del día 17 lunes, después de recorrer más de 1300 millas náuticas.

La ruta ( tanto ida como la vuelta) no la hicimos a rumbo directo, sino agarrando siempre al sur, era la baza que jugábamos contra los tan temidos temporales, el parte metereologico nosotros lo recibíamos mediante radio de banda lateral e impresora ( facsímil) provista de papel térmico, un mapa isobárico que cuatro veces al día 05/11/17/23 h ( menos cuarto, creo) hora bitácora recibíamos por la frecuencia de 8040 y este parte nos daba la previsión, según el horario la misma era hasta de 120 h, nosotros a más de 72 h no hacíamos caso, el as que guardábamos en la manga era ( por suerte nunca lo llevamos a la práctica) era que si recibíamos algún papel “zikiña” ( en nuestro argot, borrasca con frentes) nos pondríamos los cinco barcos a rumbo sur y en 24 h bajaríamos 4 grados de latitud, con esto podías escapar de cualquier borrasca de otoño que se formara en latitudes altas/medias a esa época del año.

A nivel de relaciones entre barcos la campaña fue un puto desastre, un desastre de proporciones nunca antes vistas en nuestra costa, entre la codicia de algunos, y la indiferencia de los que se lavaron las manos, menos hostias entre nosotros (que casi) tuvimos de todo.

Partimos con la ventaja de poder vender todo el pescado allí, con contratos de compra a precios establecidos a una conservera/exportadora isleña ( Cofaco) que congelaba nuestro pescado para mandarlo a costa rica, el bonito pagaban a 200 pts. Y el cimarrón/patudo a 100, un 25% más barato que en el continente pero con la ventaja de que evitabas en el mejor de los casos 8 días de ruta a Algeciras y además la venta (el cobro del dinero) lo tenías “asegurado”, pero por contra tenías que sacar TODO allí y en los puertos que marcaban ellos.
15 barcos vascos en mitad del océano y 4 cuadrillas diferentes con distintos intereses económicos. Teníamos un “comisionado” ( de mi pueblo) que actuaba como enlace entre nosotros, la administración Azoreña y la conservera.
Al principio las comunicaciones al menos entre los barcos Gipuzkoanos (dos cuadrillas) tenían que ser claras pero por secrafono (codificadas en canal privado), pero a los primeros pescados, paso lo de siempre, que los que aquí eran “especiales”, allí no iban a ser menos, y al final el tema se nos fue de las manos, primero en la mar, y después en lo comercial.

Solo a nuestra cuadrilla y la de los Bermeanos pequeños les tocaba siempre ir de los caladeros de pesca al sur de San Miguel hasta Horta o a Magdalena (isla de pico) porque la planta de procesamientos de Punta Delgada no podía congelar tanto pescado de golpe, dos barcos mandamos nosotros una vez cargados hasta el trancaril de 5 que éramos a recorrer 260 millas ida y vuelta (Punta delgada-magdalena) mientras otros (los especiales) que eran tres en cuadrilla descargaban en Punta Delgada.

Pesqueramente no fue un año bueno, para cuando arribamos a las islas gran parte de la flota local ya había terminado la temporada, si bien el pescado daba buen rendimiento (medias entre 25/30 kg por bonito y más de 60 por cimarrón) estaba muy disperso y podías meter kilos fácil mientras el resto de la cuadrilla daba vueltas alrededor tuyo.

Se pescaba a caña con polea, tres o cuatro cañas largas en estribor, gente a las poleas, y el resto al gancho, pita de 130 en doble y anzuelo Mustang tuna 4 o 5 (la palma de mi mano) sin garranga ( muerte) pues entre nosotros habia muchos accidentes por clavadas de anzuelos, algunos ya perdieron un ojo por golpes y por clavar anzuelos, encarnando con txitxarro grande, sardina terrible o caballa.


Recorrimos muchas millas, tocamos todas las islas (sin entrar en todas, claro) nosotros en puertos estuvimos en tres, faial en Horta, Praia da Victoria en Terceira y Punta Delgada en San Miguel que además de ser la capital de las islas era a donde trasladamos la base la segunda parte de la campaña.
Los pescados en el barco se metían a las neveras estrobados colgados por la cola y a pescante, cada uno con su estrobo ( más de 1000 preparamos en la ruta de ida), las neveras estaban dispuestas sin separaciones babor estribor, por lo tanto se disponía del pescado de banda a banda, en altura se suprimía un piso de cada dos, por lo tanto se podía dar hasta tres peces de altura ( mas era una salvajada) donde en el cantábrico entraban 4, era un trabajo de la madre que le pario, pero salvo pequeñas movidas internamente no hubo nada especial que reseñar entre nosotros, éramos jóvenes ( la media en edad más baja de la flota) y los trabajos que habían salían.

Las relaciones con la flota local con la que compartíamos oficio y caladero fueron relativamente buenas, andábamos con el mismo arte pero lo manejábamos diferente, mientras nosotros tirábamos de la punta de la caña de manera convencional por medio de drizas a las poleas de los palos ellos con barcos mucho más rasos que los nuestros metían el pescado tirando de la caña para dentro, pita de medio metro y como si de un palo se tratara con la caña.
No tenían nuestros sistemas de detección de pescado de barrido lateral ( sonares) pescaban con la vista y cuando el pescado andaba calado ellos venían a nuestro encuentro cuando calábamos para aprovecharse de nuestro cardumen, en cierto modo nosotros aquellas pequeñas jugadas las teníamos que entender y dejar pasar ( y en “nuestro” barco, en todo momento fue asi) , eran sus aguas y ante cualquier conflicto todas las papeletas de perder las tendríamos nosotros, pero claro como hay gente especial ( ya lo he dicho antes) en una maniobra de estas un barco de acero azul celeste de 35 metros tuvo un encontronazo con la pareja azoreña de Horta de la casa armadora que prestaba servicio de logística y radio a nuestro “comisionado” , Carlos Alberto se llamaba el patrón Horteño, un txabal muy majo, doy fe!! , flor de Horta y bahía de Horta eran los barcos, parece que desde el barco de Pasaia amenazaron con echar a pique a uno de los barcos y se montó el cirio, es que aparte de “especial” habia que tener muy pocas luces para entrar en un teme de estos!! .

Desde la casa armadora dieron orden inmediata de no prestar más servicios radiofónicos a ese barco (si fuera yo les habría quitado a toda la cuadrilla) y al resto un aviso que de allí si querían ellos por muchas toneladas que dejáramos en tierra para la conservera, nos mandaban de un día para otro, tenían armada e inspección pesquera local…




Metereologicamante fue un año muy malo, nos entraba una borrasca detrás de otra, si no era una baja era la cola de un ciclón que barría las islas bajo la denominación de tormenta extra tropical, menuda melada de viento y mar, tengo visto hacer por encima la marejada al dique de punta delgada que abierta al suroeste tenia por fuera escollera de bloques prefabricados y altura de más de 20 metros, mercantes ( furnas, monte Brasil, bahía dos anjos) que hacían la ruta entre islas o entre islas continente entraban con vacas muertas ahogadas en las cubiertas inferiores, hasta 8 días seguidos de viernes 4 noviembre al sábado 12 tengo apuntados de arribada en Punta Delgada de una tirada al paso de dos bajas presiones por las islas, el anticiclón de las azores, lo comimos con patatas la tripulación del Nuevo Caximirona.






A bordo la gente aguanto bien, mucho tiempo en tierra, el gasto fue contenido, guardia día y noche tanto en puerto como en la mar, dos comidas al día, cualquier pescador local cambiaba una caja de cabras de altura por el equivalente a 1000 pts. En escudos, la vida estaba más barata que aquí, comida no nos faltaba, lo que no había se compraba en supermercados almeiga, manteiga o no sé yo como se llamaban, me parece que tocaban a más mujeres (había universidad) que hombres en la isla, llamar a casa a cobro revertido (Portugal telecom) salía a cuarta parte de costo que una conferencia convencional.

Y así pasaron los días hasta que ya medio asqueados de ver pasar tormentas en puerto un lunes 12 de Diciembre ante una previsión a 72 horas sin apenas borrascas previstas decidimos nuestra cuadrilla vaciar viveros en puerto, meter palkas y redes a los viveros, pasar los pescados que teníamos a la nevera de popa, desmontar la de proa y despejar las cubiertas, trincar tapas de neveras y viveros y preparar el barco para aguantar un tifón para la ruta.
El martes día 13 salimos, y la ruta hasta el continente (se nos pegó esta expresión de los isleños) fue monótona y sin novedad (mejor), llegamos a Getaria el sábado día 17 a las 11 de la noche.
Así ocurrió, y así lo cuento.
Unos datos…
Ruta ida 5.5 días
Ruta vuelta 4.5 días
Días de pesca 24
Días de arribada por mal tiempo 32.
Total días fuera de casa 66.
Pesca embarcada 1.440 bonitos, 13 cimarrones.
Estimación de millas recorridas 5.000 (ida y vuelta 2.600)
Gasto de combustible 50.000 l.


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