El tema que planteas es tan interesante como complejo.
Parafraseando a W. Churchill, los sistemas de rating son como la democracia, el peor sistema posible de gobierno salvo todos los demás que se conocen.
En una regata de 600 millas, es inevitable que la meteo aporte un componente suerte que indudablemente beneficiará a alguien. En todo caso, hay barcos que siempre están arriba. Y también lo contrario.
El nivel de transversalidad que mantienen regatas como la RSH, la RMSR, la Fastnet, la Giraglia, alguna otra norteamericana y quizás La Ruta de La Sal en ESP solo se sostiene avivando las brasas de que cualquiera puede ganar la general. Si cierras el telón a esta posibilidad, la regata se desmonta como un castillo de naipes y has de recomponerla de otra manera, como han tenido que hacer los franceses con sus clásicas transatlánticas, otrora patrimonio de cruceros de todos tipo y ahora en manos de clases monotipo como los IMOCA, Class 40, etc.
Es mejor o peor?. No lo sé, pero tengo claro que es bien distinto.
En paralelo a lo dicho, acepto que la espectacularidad de los Supermaxi es total. Son las barcos que roban las miradas, que llenan los Villages, las páginas de repercusión mediática y atraen los patrocinadores. Sus armadores merecen su cuota de ego, pero no hasta el punto de engañar al público diciendo -por ejemplo- que "El 'Comanche' gana la Sydney Hobart". Todos los regatistas sabemos que llegar primero dela flota no es ganar.
Seguro que sería interesante ver veleros de 100+ pies compitiendo, pero es un camino peligroso. Los Clase 'J' abordaron este camino hace años en la Copa América y el tema terminó como los dinosaurios. Todos desaparecidos y recuperando la formula de los 15 metros.
A nivel presupuestario, regatear siempre es caro para el armador. Y lo más caro es la proporcionalidad. 100 € de inversión en el barco es una cifra absoluta, pero representa un esfuerzo distinto para cada uno de los que lean estas líneas.
Cuando un armador renueva las velas de su viejo 30 pies, su esfuerzo económico suele ser igual -por no decir superior- al de un propietario de un supermaxi haciendo lo propio en su barco. Obviar esta realidad y vetar a los 'humildes' la posibilidad de ganar es entrar en una dinámica que no suele acabar bien para la regata en cuestión. ¿Dónde está el punto de equilibrio?. No lo sé.
Y aquí termino mi sermón dominical
