Y claro, nada más cortar se puede hacer el tratamiento. La verdad es que la madera para exterior y a la intemperie, con brea, calafates o quersota, va bien. Como los postes, las traviesas del tren, los cerramientos de fincas, etc. En plan tosco o pintada en color. Y los cascos de los barcos, claro.
Pero para lo demás, como adornos de cubierta, carpinterías si hablamos de un trawler, por ejemplo, y tal, supongo que hará falta un carpintero a bordo en nómina para que todo funcione.
Porque, aparte de tener que estar renovando la capa de barniz cada cierto tiempo, la madera no deja de moverse y reaccionar o alterarse con los elementos. De forma que las puertas, ventanas, ojos de buey, o lo que que sea, no cierran o se descuadran, porque entre otras cosas las colas poco menos que se desintegran, y esas cosas.
O bien, asumir una relativamente corta duración o, digamos que, obsolescencia no programada. Y que en muy poco tiempo pierde la condición y el brillo de nuevo. Por mucho que luego lo tratemos o lo limpiemos.
Daros cuenta que en construcción la carpintería exterior de madera se ha sustituido por el aluminio y las gomas casi por completo. Que, aunque también se fastidian con los calores del verano, el sol directo y las heladas de invierno, como ocurre en los coches, no hay color. Y también últimamente, si nos descuidamos, para interiores.
Si bien, otra cuestión es que queramos pasar por ello con tal de poder disfrutar de algo antiguo o clásico en su salsa. Que es una opción más que interesante y auténtica para el que sepa apreciarlo. Pero hay que ser consciente de lo que es ahora y era en su tiempo, darle el mismo uso con las mismas exigencias de entonces, y sacrificarse con el mayor mantenimiento que requerían también en su época.
Sin olvidar que si se introducen modificaciones, modernizando a medias para asemejarlo en parte a lo de hoy, nos quedamos sin nada. O con algo viejo y tartanoso, o una buena chapuza sin valor de ninguna clase.
