Lo que se ve en el video es absolutamente brutal, cruel y sobradamente despiadado. Es una absoluta vergüenza. Japón tiene una atronadora razón para sentirse avergonzada.
Pero no nos equivoquemos...
Aquí somos menos crueles pero igual de destructores.
Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos estas imágenes, pero luego parece que nos olvidamos o no somos conscientes del daño que hacemos a nuestra flora y fauna marinas cuando tiramos al mar las omnipresentes puñeteras colillas, aceites de la sentina, o tratamos el casco con productos nocivos para el medio marino.
No seamos hipócritas, que no somos mucho mejores.
