En la mayoría de los puertos ves un buen número de barcos que porvsu aspecto, muestran ckaros indicios de abandono porbparte devsusndueños, siendo excepcional que pase nada grave ni a ellos ni a los barcos vecinos, ( cubiertas guarras, defensas desinchadas, toldos medio abiertos...)son claros síntomas de tal olvido.
Por otra partevcuando hayas comprobado tu sentina vas a marcharte sin la más remota idea d como están las sentinas de los barcos vecinos cerrados a cal y canto.
Se suponenque cada Club debe tener a un retén de guardia para atender urgencias.
Lo demás es una mezcla de añoramiento al “hijo tonto de la familia” , o sea al barco, con algo de sīndrome del mono.
El otro día ví una representación en imágenes de la razónzón de quedarse en casa y con ello de la inexcusable necesidad de respetar la orden de confinamiento:
- Primera escena: Una tableta de dominó puesta en pie, a la que suceden dos, luego cuatro, luego ocho, dieciseis, treinta y dos...etc. Empujas la primera y en su caida las tumba a todas. Eso es el contagio masivo de cada infectado a los demás que tiene próximos, en progresión geométrica e imparable.
- Segunda escena: Un bombo de lotería con cien bolas en el interior. Sacas una, la mojas con pintura roja, la devuelves al interior y le das a la manivela ( vida social, relación y contactos). A las veinte vueltas de manivela estaban las cien bolas manchadas de rojo, y cada una susceptible de contaminar a otras cien.
- Tercera escena: Metes en el bombo la bola mojada de pintura pero no le das a la manivela ( confinamiento). Se manchan solo las dos o tres bolas con las que ha tenido contacto físico. Las demás quedan indemnes mientras dure el “temporal”
Pues eso, hay que quedarse en casa, o sea no darle a la manivela...y olvidarse de la sentina.
Saludos cordiales
