Respuesta: Y El Temido lll se fue al Caribe
Pasamos tres días más en la marina, mientras Piedi iba mejorando. El
tratamiento fue efectivo, le bajó la fiebre y la infección.
Durante este tiempo, estuvieron haciendo gestiones para el cambio de los
vuelos, hasta que definitivamente, lo confirmaron para el día dos de Marzo.
Afortunadamente, la marina estaba muy concurrida y sus bares y restaurantes
bastante animados. Pudimos conversar con otros navegantes o, incluso, con los
propios habitantes de la isla, que solían ir por allí a tomarse una copa.
Al día siguiente de la llegada, hice arroz a banda, con los peces que habíamos
capturado en María Galante. Es común, que para comer este tipo de plato, se
acompañe con una salsa de ajo-aceite (alioli), pero mi madre, en casa, jamás
la utilizaba. Así que yo, como procuro ser un buen hijo, sigo los consejos de
mi madre y no pongo alioli al arroz a banda, ni limón en la paella. 

Ciertamente, como comentaba mi difunta madre, si pones un buen pescado,
es una lástima enmascarar su sabor, añadiendo una salsa. Algo similar ocurre
con el pescado o el choco frito, que suelen acompañarlo con unas rodajas de
limón. Si es un buen pescado, fresco .... ¿lo vas a estropear?.
Coincidió aquella tarde, con el partido Manchester City - Barcelona. En el bar
no había tanta expectación como cuando juega el PSG, por lo que pudimos
ver el partido cómodamente, después de comer.
Y cuando Piedi se sintió en condiciones de navegar, volvimos a soltar amarras.
Navegaríamos "del tirón", desde Guadalupe hasta Martinica (Fort de France).
De salida, había que poner rumbo sur, a Pointe Ronde, en el NW de Dominica,
dejando a María Galante por Babor y Los Santos por estribor.
Las primeras 35 mn, las haríamos atravesando el canal entre Guadalupe y
Dominica, con vientos del través, de fuerza 5/6. Buen comienzo, aunque un
poco movido. No era lo ideal para nuestra convaleciente amiga, pero no se
podía hacer otra cosa.
Una vez sobrepasado el extremo norte de Dominica, el viento amainó y la
mar se serenó. Hubo que arriar velas y arrancar uno de los motores. Ahora
le tocaba descansar a nuestra enferma.
Dominica es una isla extensa; alargada de norte a sur, por lo que íbamos a
navegar a su resguardo, a lo largo de unas 25 mn. Con la máquina contenida,
haríamos unos cinco nudos, por lo que tardaríamos otras tantas horas, en
rebasar el extremo sur de las isla.
La noche cayó en este tramo y se veían las luces de los pueblos costeros.
Al pasar ante Roseau, capital del país, pudimos denotar el olor típico de las
alcantarillas, que vierten residuos al mar sin depurar. Aunque dimos dos o
tres millas de resguardo, el tufillo nos alcanzaba.
Y tras rebasar el extremo sur de la isla, el viento volvió a aparecer, más
fresco aún que en la mañana. En la oscuridad de la noche, los golpes de las
olas contra el costado del barco, pueden resultar estremecedoras. Al no
escorar, el cata siempre ofrece una pared vertical, donde las olas muestran
toda su furia. Ya son muchos los golpetazos que llevo oidos, por lo que soy
consciente, de que eso forma parte de la propia navegación, pero hay algunos
tripulantes a los que sorprende e intimida. Procuro hacerles ver que es solo
una característica del barco en el que vamos y que no nos va a pasar nada.
El amanecer nos sorprendió a la altura de Cap Enrage, junto al pequeño
pueblo de Case-Pilote, a unas seis mn de Fort de France. En poco más de una
hora, estaríamos echando el ancla.
Continuará ....
Salud y 
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