
09-04-2020, 20:01
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Capisol
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Re: Y El Temido lll se fue al Caribe
Puntuales, el cofrade Doblejota y su amigo Ramón se presentaron en el Mango
Bay, con sus enormes maletas (que manía de traer tanto equipaje, cuando
luego lo único que utilizas es el bañador, un par de pantalones cortos y algunas
camisetas), dispuestos a navegar unos días. Celebramos la llegada, con unos
mojitos y nos fuimos al barco, donde teníamos prevista una buena cena.
A la mañana siguiente, tras despedirnos de los compañeros del Cibeles y del
Archibald, zarpamos para hacer una turné por Martinica. Nuestro primer
destino, tras dar unos bordos entre Pointe Borgnesse y Pointe Dunkerque,
fue la playa de Santa Ana. El fondeadero es muy amplio y está bien protegido
de los alisios, por lo que es habitual verlo lleno de barcos. De blanca arena,
sus cristalinas aguas invitaban al baño. Largamos el ancla en la zona norte,
entre el campo de fútbol y una especie de campamento. A menos de media
milla, teníamos el embarcadero para los dinguis, justo en el centro de la
alegre ciudad, repleta de bares donde poder tomar algo, tras un paseo.
Pasamos los días de un fondeo en otro, visitando muchos de los pintorescos
pueblos de la costa de sotavento: El Petit Anse d'Arlets, Sant Pierre, Le
Carbet, Le Lazaret, Les Trois Ilets ....
La noche que despedimos a JJ y Ramón, la pasamos, otra vez, a los pies de
Fort Saint Louis, para hacer la documentación de salida por la mañana. Tras
haber completado las provisiones del cata, nada más que nuestros amigos
tomaron el taxi con dirección al aeropuerto, Urtzi y yo levamos ancla y
pusimos rumbo a Venezuela. Un amarre en la Marina Bahía redonda, de
Puerto La Cruz, nos estaba esperando.
Una travesía de algo más de trescientas cincuenta mn, ya que no haríamos
rumbo directo al punto de recalada, sino que pusimos rumbo SW, a un
waypoint unas 20 millas al sur de la Blanquilla, para darle un resguardo de
otras tantas millas a Isla Margarita, ya que las noticias que manejábamos, la
consideraban potencialmente peligrosa.
El viento de aleta nos llevó en volandas. Las guardias la partimos en dos:
Carlos hacía la primera y a partir de las tres de la madrugada, se producía
el relevo y era yo quien me hacía cargo del barco hasta por la mañana.
Cuando olía el café recién hecho, se levantaba. 
Al paso por el sur de la Blanquilla, mientras rebasábamos Margarita,
apagamos el AIS, con la intención de no ser detectados por eventuales
"piratas". Esto nos llevó a tener que extremar la vigilancia durante unas
horas, pero era preferible a tener una visita no deseada.
Continuará .....
Salud y 
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