Cita:
Originalmente publicado por mackarel
si, la antxoa suele estar en el cantil pero cuando no le dan cera se aproxima a las playas y zas, los años que estuvo prohibido un espectáculo antxoas saltando por todas partes y no te digo como estaba de lubinas 
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Hace relativamente poco tiempo, fuí a pescar a spinning cerca del Trasfalgar a una ensenada donde hay un pesquero espectacular, cómodo y caliente donde los haya. Ultimos de Septiembre principios de Octubre con la vaciante de una de las mareas vivas que se dan en esos meses. Llegué a la piedra al atardecer, la mar en calma, el agua parecía aceite, ausencia total de viento, que ya es raro en esa costa. Monto mi 270 y el engaño que pongo es un Jugulo de 20 grs.
Antes de lanzar oteo un poco el panorama. Cual es mi sorpresa cuando veo a lo lejos una mancha enorme de pescado encima del agua y a sus perseguidores haciendo surcos en con sus aletas dorsales. Salpicones y embestidas hasta que hervía el agua. Yo pegando lanzazos sin llegar a donde estaban.
Aprecio que se van acercando a las piedras y las lajas que hay ya casi en el rebalaje pero todavía lejos del saliente donde me encontraba. Se trataba de sardinas de las que llamamos por aquí "Manolitas" de las pequeñas . El propósito de los perseguidores era arrinconarlas entre tierra y el el puntazo donde yo me encontraba. Al cabo de cinco minutos , lo consiguen y empieza el baile. Se trataba de jureles reales (de los amarillos) de muy buen porte y anjovas.
Puse en seco un montón de jureles. Las anjovas iban de vuelta al agua. Eso cuando no partían pues esas si que eran gordas y con sus dientes cortan el hilo como una cuchilla. Me hacían perder un par de minutos cuando esto acontecía hasta poner un nuevo señuelo. Pues los perdía. Puse un paseante hundido tipo aguja de fabricación propia bien largo para que la boca de las anjovas no llegaran al hilo y aquí si que disfruté. Me dolía el antebrazo de tanto lanzar y halar pescao ,pero seguí pescando hasta que se hizo de noche.
La cuestión es que, cuando terminó la batalla, el espectáculo que quedo en la playa era sub-realista. Había cientos de kilos de sardinas sabordadas, algunas ya muertas , otras saltando y muchas estaban vivas y hacinadas en las pozas que el terreno deja cuando baja tanto la marea. Me lleve como un kilo de sardinitas para casa pero había para todo el pueblo.
Habiendo comida para los bichos grandes también habrá diversión para los pescadores.
Animo y a seguir soñando con que se repitan los buenos momentos.

