He puesto por ahí atrás que en días señalados hacíamos barbacoa en cubierta en el mar pero no sé si he puesto que también las hacíamos en puerto si habíamos hecho una marea rápida o coincidía un festivo de atura en nuestra tierra. Obviamente la hacíamos después de finalizar la jornada de trabajo y las labores de limpieza del mismo.
También he puesto por ahí arriba que no solo ocurren anécdotas e incidentes en el mar, que también ocurren sucesos variopintos en puerto, tantos que no puedo poner todos aquí porque esto no se acabaría nunca.
En la primera foto podéis ver al cocinero Lassiné (el de la izquierda) el otro es el marmitón. Ya he puesto por ahí que el cocinero era sobrino del DGMM de Costa de Marfil al cual tuvimos varias veces cenando con nosotros a bordo tanto solo como acompañado de su esposa.
Se trataba de un nativo alto, huesudo, serio y musulmán. Vestía siempre impecablemente trajeado y portaba gafas. Charlaba con nosotros durante toda la cena y reía nuestras bromas con corrección. Pero después de los postres cuando comenzaban a aparecer las botellas sobre la mesa se levantaba de su silla y se despedía de todos nosotros alegando que tenía que levantarse temprano.
Un día había ya anochecido y estábamos atracados en el muelle de la red en la que había una explanada como un estadio que usábamos todos cuando necesitábamos hacer una reparación o una reforma al arte de cerco. A veces se juntaban 4 redes a la vez allí.
Había quedado en venir a cenar el tío de Lass y yo estaba esperándole en la cubierta de botes, el país estaba en plena guerra civil pero en el puerto estábamos casi aislados de lo que ocurría en el interior.
De repente apareció el viejo mercedes del capi que se había casado con una nativa y habitaba allí desde hacía 5 años, tenían en común una niña y un niño. El coche se detuvo a 25 Mt del barco y de él descendió la esposa del capi sola, el marido estaba a bordo cuadrando los números de la descarga.
Cinco segundos después apareció por allí una patrulla de la poli e hicieron pararse a la mujer que se dirigía hacia la pasarela. Cuando vi aquello enseguida me imaginé lo que sucedía, habían tomado a la esposa del capi por una prostituta, y efectivamente es una de las palabras que escuché mientras me acercaba rápidamente a donde estaban para deshacer el entuerto.
Justo en ese momento a 5 metros de ellos se detuvo el flamante passat nuevo que se acababa de comprar el DGMM del cual descendió su dueño. Me fui derecho a él porque ya estaba escuchando voces cada vez más alteradas de los polis y la esposa del capi y cuando le tuve frente a mí le estreché la mano y le informé rápidamente lo que ocurría .
Cuando nos acercamos al meollo los uniformados ya se disponían a llevarse detenida a la joven, pero la figura del tío de Lass cuando se dirigió a ellos con su traje azul marino les puso en guardia, y cuando les soltó quién era y que conocía a la mujer y que era la esposa del capitán del barco sin elevar la voz pero con una mirada glacial se deshicieron en pedir disculpas.
Cuando el capi se enteró del incidente ya estábamos todos a bordo.
Otro día estábamos descargando la pesca para la conservera local Péche et Froíd atracados al muelle justo frente al edificio de capitanía del puerto porque la fábrica está justo detrás, habíamos arribado esa mañana a primera hora, cuando a media mañana escucho unos gritos en el muelle junto al barco y al oficial de puente todo alterado increpando a los marineros.
Cuando me presenté en el muelle me dijo el oficial que los bandidos se acababan de llevar un atún grande ante la impasibilidad de todo el mundo.
Despotriqué contra los trabajadores de la colla, contra los guardianes de camisa amarilla cuyos emolumentos se cobraban al armador, contra mis marineros y contra todo el mundo tal es el cabreo que pillé.
Mientras yo despotricaba no me enteré que un coche había parado a unos metros de allí del que descendieron 3 oficiales de marina uniformados, un marinero me lo hizo saber:
-Patrón, comandante de marina quiere hablar contigo-
Me giré en redondo y efectivamente allí estaban los 3 junto al coche con sus relucientes uniformes blancos.
Me fui a ellos y estreché la mano del trío con sorpresa, el capitán del puerto, un capitán de navío me preguntó con corrección qué era lo que me sucedía porque se me veía muy alterado. Regresaban de una reunión con otros mandos militares y al llegar me encontraron lanzando improperios.
Yo le respondí intentando calmarme que los bandidos se habían llevado un atún grande y que me parecía vergonzoso que esto sucediera justo frente al edificio de la capitanía.
El oficial me escuchó impertérrito y moviendo la cabeza después me prometió que no volvería a ocurrir. Nos estrechamos la mano y se fueron.
Pero mi sorpresa aún no había hecho más que comenzar, lo bueno vendría después.
No creo que habría transcurrido más de 1 hora y estábamos almorzando cuando el camarero se presenta en el comedor de oficiales y me indica que el comandante de marina está junto a la pasarela esperando por mí.
Mientras me dirigía hacia allí pensé que el interfecto querría algún pescado o qué se yo, pero estaba equivocado.
El capitán de puerto estaba junto al portamaletas abierto del mismo coche que 1 hora antes y cuando llegué frente a él me preguntó con una sonrisa:
-Hola commandant ¿es este su atún?- me dijo señalando el interior del maletero con una mano, allí estaba el aleta amarilla de a quintal.
Yo no salía de mi asombro pero disimulé.
-Si capitán, así es en efecto-
-Pues es suyo, ordene a sus marineros que se lo lleven-
¡¡¡Ostras!!!, pensé yo, ahora ¿qué hago?. Inspiré profundamente.
-Gracias capitán, pero ya que el pececito está en el portamaletas de su coche ¿porqué lo vamos a sacar de ahí?. Quédeselo, se lo regalo-
-Gracias commandant, tenga buen día y si quiere algo dígamelo-
-Hombre, por pedir quisiera que este muelle no estuviera lleno de cacos-
-Descuide, no lo estará- cerró el maletero y se largó.
No, mis sorpresas no habían terminado aún, por lo menos por aquella vez.
Media hora después apareció en el vértice del muelle un camión lleno de vallas metálicas y unos obreros que las descargaron e instalaron a todo lo largo de la eslora del barco y más, al mismo tiempo que llegaban media docena de policías armados vestidos de negro que no había visto nunca y además con perros. Nos quedamos boquiabiertos. En los días sucesivos venían a las 8 y se marchaban a las 6, o sea, justo lo que dura la descarga. Se acabaron los bandidos por aquella vez, eso sí, la alegría duró lo que duró aquella descarga.
Por cierto, los nativos de los países del África occidental tienen la costumbre heredada de los franceses de tratar a los patrones de los barcos como "commandant", tanto en puerto como en el mar en caso de los marineros. No sé a los demás patrones pero a mí los marineros africanos nunca me llamaron por mi nombre de pila, la mayoría lo hacían con commandant y solo los que más confianza tenían conmigo me llamaban patrón, lo pongo para evitar malentendidos. A mí lo de comandante y zarandajas por el estilo me la trae bastante floja, pero a los franchutes no, exigen que se les llame así y a los morenos les queda grabado
