Pues sí.
Desgraciadamente un mantenimiento mejorable está detrás de muchos problemas que surgen en el peor de los momentos.
Y digo desgraciademante porque revelan un poco nuestras limitaciones o nuestra pereza.
Aunque me esfuerzo, me incluyo el primero en haber tenido problemas por no haber revisado un anclaje, interpretado un obenque destensado, quedarme sin gasolina en el fuera borda...
También, lo grande de esas situaciones es verse capaz de resolver con un arreglo de fortuna, una maniobra afortunada, un compañero leal, esos problemas, y después continuar por los propios medios.
Yo también vivo en Madrid.
Dos veces me inscribí en las 200 de Altea y la primera, tras mucho retraso, eché cuentas de las millas y tiempo que faltaban: haciendo un tramo contra el viento a motor podría ternimar el reccorrido, y por los pelos llegar a tiempo de coger el coche y estar de vuelta en Madrid a trabajar cuando tocaba. Así que abandoné y metí máquina llegando a Conejera.
Me dieron más miedo los 500 km que las 200 millas.
La segunda vez... cogí un día más de vacaciones

Y aprendí que a parte del viento y la ola, es contra la oscuridad y el agotamiento con lo que se pelea en esas regatas largas.
¿Y por qué hacemos todo esto?
Cada cual tendrá su razón. Sentir frío, calor, cansancio, aburrimiento, euforia, ver ponerse y salir el sol, marcarse un reto y superarlo, estar a bien con la naturaleza y el mar... todo eso me hace sentir vivo (bueno, y alguna que otra moza, también

).
Así que Avante, y resto de cofrades, mil gracias por compatir vuestras experiencias, lecciones, gracias y desgracias.
Un abrazo.
Y un

por volver al mar dentro de poco.