Había una guerra en la que luchaban unos contra otros tres bandos: alemanes, rusos y españoles. Llevaban varios meses de lucha sin avanzar ni uno ni otro y ya cansados de cada día lo mismo. Por eso, los generales de cada uno de los bandos se reúnen para decidir quien se queda con el territorio por el que estaban luchando.
Los alemanes querían que fuera para ellos, ya que disponían de mejor tecnología militar; los rusos, alegaban tener los mejores soldados; los españoles, exigían su derecho al haber llegado los primeros. Finalmente, deciden que el territorio será para el general que demuestre que sus tropas son las más valerosas, o sea, las que tengan más cojones (con perdón de la expresión).
Para ello, se reúnen al día siguiente por la tarde junto a una zona atrincherada.
El general alemán llama a Hans, uno de sus mejores soldados que estaba en ese momento repasando el armamento. Rápidamente, Hans se dirige hacia su general, cuadrándose y poniéndose a su disposición. El general alemán coge su pistola y la lanza detrás de la trinchera, en un campo minado y le ordena a Hans:
- Ve detrás de la trinchera y me traes mi pistola.
Hans se cuadra, acata la orden, entra en la trinchera, sale por el frente y reptando por debajo de la concertina, camina con cuidado entre las minas del campo minado, recupera la pistola y regresa para entregarla a su general, a lo que este dice a los otros dos generales:
- Veis, los soldados alemanes tienen un buen par de cojones.
Acto seguido, el general ruso llama a Novikov, un entrenado soldado de los Spetsnaz rusos, su cuerpo de élite, que llevaba toda la tarde entrenando físicamente y haciendo flexiones y ya andaba por la número 120. Inmediatamente y casi de un salto, Novikov se planta frente a su general para ponerse a sus órdenes.
El general ruso lanza su pistola detrás de la trinchera, pero en una zona cienagosa donde en ese momento estaban cayendo proyectiles de mortero y ráfagas de metralla. Acto seguido ordena a Novikov:
- Ve detrás de la trinchera y recupera mi pistola.
Novikov pasa la trinchera, salta la concertina, se mete en la ciénaga esquivando la metralla y calculando para que ningún proyectil de mortero le hiera, recupera la pistola y regresa para entregársela a su general, a lo que este expone a los otros generales:
- Como habéis visto, este soldado ruso tiene realmente un buen par de cojones.
Finalmente, el general español llama al soldado Sánchez, que estaba tumbado a la sobra de un árbol con unos compañeros, el cual se le planta a la tercera llamada. El general español lanza su pistola en un terraplén que había detrás de la trinchera, llena de plantas espinosas, donde caía algún proyectil de mortero de vez en cuando y donde alguien había soltado unos perros rabiosos que no permitían a nadie transitar por el lugar.
- Sánchez.
- Si, mi general.
- Vaya y recupere mi pistola.
- ¿Esa que usted acaba de tirar en ese terraplen? Ande y que le den, no la hubiera tirado, irá su p**a madre a buscarla -le responde- y se vuelve con los compañeros debajo del árbol.
El general español se gira hacia los otros dos generales y les dice:
- Ahora me negaréis que este soldado no tiene un buen par de cojones.
