Re: Historias de la pesca del atún tropical
Pues ¿queréis leer una de indios?, voy a hacer otro copia y pega de otra tertulia en el comedor de oficiales en la que tomé parte:
Por la noche y después de cenar pusieron una vieja película de indios y soldados norteamericanos en la que uno de los protagonistas era el celebérrimo jefe apache Jerónimo. Lito llamó piojosos a los pieles rojas y Jon se mosqueó el primero:
-¿Porqué llamas piojosos a esa gente?, son más dignos a mi entender que los que visten el uniforme azul-
-Sí hombre, lo que faltaba, por lo menos los soldados van vestidos y limpios, mientras esos lameculos están sucios y semidesnudos como animales, van pintarrajeados como payasos y montan a caballo sin silla- soltó el marinense obstinado
-No necesitaban sillas de montar para nada, eran unos jinetes excepcionales, mucho mejores que esos robatierras vestidos de azul- replicó Jon
-¿Y para qué querían Norteamérica entera unos pocos indígenas?. Si hubieran compartido no los hubieran cazado como a conejos-
-¡No me jodas, Lito!, ¿no estarás hablando en serio?- protestó Sabino enojado -Los pieles rojas eran los auténticos propietarios de aquellas tierras desde hace 19.000 años. Desde luego que desde mucho antes que Cristóbal Colón apareciera por allí perdido y medio muerto de hambre, ese sí que era un auténtico piojoso, y que además lamía culo de Isabel La Católica, que de católica no tenía nada. Después llegaron horda tras horda de europeos facinerosos, borrachos y ex-presidiarios a los que siguieron una pléyade de mujeres de dudosa reputación y que además de apropiarse aviesamente de unas tierras que tenían sus legítimos dueños, para más ignominia los exterminaron-
-Pues vaya unos antepasados más ilustres que lucen los tan presumidos gringos, mi hermano- exclamó Israel riéndose a carcajadas
-No eran unos pocos indígenas, Olivares- se vio en necesidad de aclarar Somarriba -Desconozco la población total pero los estudiosos del tema hablan de entre sesenta y noventa millones de personas en toda Norteamérica por aquella época. Lo que sí es seguro es que se trataban de muchas tribus distintas que hablaban su propio idioma cada una de ellas. Los Sioux que eran los más numerosos, poblaban todo el Noroeste norteamericano. Practicaban tres dialectos de un mismo idioma y se sabe con certeza que eran inmigrados de Asia, de la que habían llegado cruzando el estrecho de Bering hace probablemente diecinueve siglos o más, no me digas que no tiene mérito la cosa. Además de éstos pululaban por las praderas norteamericanas Apaches, Hopis, Comanches, Arapajos, Navajos, Cheyennes, Mohicanos, Wichitas, Kiowas, Dakotas, Iroqueses, Pies Negros, Shoshones y un largo etcétera. Hasta cuarenta pueblos que amaban la libertad en las inmensas praderas sobre las que pastaban los bisontes que les servían de sustento. Contra lo que algunos idiotas nos han querido hacer creer hablándonos de Manitou o el Gran Espíritu, los pieles rojas norteamericanos adoraban al Sol, al Trueno y a la Luna y vivían en perfecta comunión con la madre Natura hasta que llegaron los matasiete y se dedicaron a masacrar bisontes e imponer la ley del revólver y el fusil.
Cuando a finales del siglo XIX, exactamente en las postrimerías de 1890 acabó la guerra de gringos contra indígenas la extirpe de los Sioux que había sido la más numerosa con diferencia, prácticamente había pasado a la Historia, quedaban vivos una treintena de individuos, y algo parecido había sucedido con la mayor parte de las razas que habían cabalgado a sus anchas durante siglos por aquellas tierras que les pertenecían por derecho. Digamos que el mayor núcleo de indígenas que se salvaron del exterminio fueron un buen número de apaches que cruzados con mexicanos poblaron las tierras de Dakota del Sur en su parte septentrional-
-¿Y por qué los exterminaron?, digo yo que algo harían ¿no?, como por ejemplo atacar las caravanas de colonos, matar mujeres y niños y cortarles las cabelleras después- Lito estaba obcecado o mal informado, no cabía duda
-Estoy completamente convencido de que los blancos ultrajaron vilmente muchas más mujeres indígenas que al revés- no pudo dejar de decir el cubano
-Antes de masacrar a los indígenas masacraron primero la población de bisontes que constituían su principal sustento- a Porriño le caían simpáticos los pieles rojas y lo demostró a continuación con una exposición magnífica
-De cuarenta millones de ejemplares que pastaban en aquellas inmensas praderas antes de la irrupción de los gringos, quedaron cuatrocientos. William Frederick Cody, más conocido como “Buffalo Bill” mató él solito cuatro mil doscientas ochenta cabezas en un período de tan solo dieciocho meses en el estado de Wyoming, al Oeste de Cheyenne, para dar de comer a los trabajadores del primer tendido de ferrocarril transcontinental y las tropas que lo custodiaban, que sumaban la nada despreciable cifra de treinta mil hombres. Este personaje había sido contratado por la “Kansas Pacific”, la constructora enfrascada en una carrera frenética con la “Southern Pacific” por terminar antes el tendido y que exigía una media de cincuenta animales diarios para asegurar la manutención de todo el personal.
Pero si ésta matanza digamos “moderada” estaba justificada en parte, la que no lo está es la que realizaron una verdadera invasión de individuos ávidos de dinero fácil que organizados en pequeños equipos y pertrechados con carromatos, fusiles de gran calibre, revólveres, cuchillos y arrobas de municiones mataban docenas de bisontes diarios cada uno, con el único fin de despojar de su piel a los animales muertos abandonando después los cadáveres. Las pieles de bisonte se pagaban a un precio bastante alto en los mercados de todo el Oeste y medio Oeste norteamericano por aquellas fechas.
Empujados por la codicia mataban a tiros de fusil a tantos de aquellos magníficos rumiantes indefensos que después les resultaba imposible despellejarlos a todos y en consecuencia muchísimos de ellos se pudrían miserablemente en la pradera, piel incluida. Pero ya de por sí, solamente los cuerpos de los animales que conseguían despellejar suponían muchos, demasiados millones de toneladas de excelente carne abandonada para pasto de alimañas incapaces de acabar con tal demencial cantidad producto de las matanzas cotidianas.
Los originales dueños de aquellas tierras se encontraban después con la desgarradora escena de los cadáveres putrefactos diseminados por las llanuras, aquellas llanuras que ellos amaban y que aquellos malnacidos estaban mancillando con crueldad y avaricia inusitadas. Aquella masacre amenazaba su pervivencia como especie y en consecuencia no tuvieron más remedio que ponerse en pie de guerra contra los que estaban ultrajando la tierra de sus antepasados, y que además, de continuar así abocarían a su pueblo al hambre y la miseria. Se sabe de forma fehaciente gracias a descubrimientos arqueológicos que los pieles rojas se alimentaban y vestían de los bisontes que cazaban desde hace 10.000 años- el maquinista se dio un respiro
-La abominable costumbre de cortar los cueros cabelludos de los enemigos muertos la iniciaron los feroces Iroqueses que poblaban las regiones del Este y Nordeste- explicó Jon interesado en el tema y haciendo defensa a ultranza de los pieles rojas al igual que su amigo Sabino -Pero no olvidemos que poco después esta macabra práctica se generalizó también entre los blancos, ¿o es que nos vas a decir que los gringos son hermanitas de la caridad?-
-¡Hombre!, hermanitas de la caridad no somos nadie- se defendió Lito -Pero ¡cojones!, los indios estarían contentos con la defensa que hacéis vosotros de ellos, ¿o es que simplemente los gringos os dan grima?-
-Al final de la guerra punitiva contra los indígenas a los supervivientes los confinaron en reservas de las que no podían salir, algo así como las actuales reservas para animales salvajes. Tampoco a nosotros nos gustaría acabar así- opinó Israel con su sempiterno acento cubano
-A los que habría que confinar, mejor dicho enjaular, es a los gringos, por su desmedida e insana costumbre de meterse siempre en casa ajena y descojonarlo todo- soltó esta vez Javier
-A mí no me dan grima los gringos, Lito, todo lo contrario, sabes que los admiro porque son la nación más poderosa del mundo, por algo será- se justificó Sabino
-Eso no tiene nada que ver- protestó Javier -Los colonos “aterrizaron” en una tierra además de inmensamente grande, inmensamente rica. De acuerdo que tuvieron que trabajar, ¡pero coño!, se hincharon a expoliar oro, plata y no sé cuántas riquezas naturales más, y de postre petróleo. Aquello no lo habían sembrado sus antepasados, se lo encontraron allí-
-Bueno, también es de justicia recordar que no fueron solamente colonos norteamericanos los que desvalijaron aquel continente, con anterioridad los españoles por ejemplo se llevaron alrededor de ciento ochenta toneladas como mínimo solamente de oro, según las recopilaciones hechas por los historiadores. Aparte claro está de la plata y otras riquezas- quiso aportar Jon
-Mejor así ¿no?- soltó Lito riéndose de nuevo -La pena es que no trajeran mil toneladas de oro para España, ahora seríamos un poco menos pobres-
-Nosotros seríamos igual de pobres, seguro- agoró Javier con una sonrisa maliciosa
-Hay que reconocer que los gringos son la ostia- intervino Eustaquio -Consiguen todo por la fuerza o por dinero, a mí tampoco me caen simpáticos-
-Oye, vosotros dos para ser rostros pálidos entendéis mucho de pieles rojas ¡carallo!, estoy asombrado- dijo Lito dirigiéndose obviamente a Jon y Sabino
-Rostro pálido se dice “Pahe-aska” en cheyenne- replicó Jon con media sonrisa
Lito observó asombrado y a la vez inquisitivo el rostro del bermeano pero no pudo adivinar si hablaba en serio. En este caso el rubio no se había inventado nada.
-No creo yo que en los anales de la Historia se haya superado nunca la ignominia que tuvo lugar en aquel continente- apostilló pensativo Sabino
-¡Carallo!, ¿qué tendrá que ver el ano con la Historia?- exclamó Lito haciendo un chiste malo que nadie rió
El marinense se había quedado solo en su absurda tesis y se retiró a descansar el primero dando las buenas noches.
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Stemma Proderi In Primis Bermei
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