Hay réplicas en este hilo que desmotivan. Seguir leyendo sin irritarse requiere un esfuerzo de comprensión hacia los altísimos intereses de algunos. Defender porque sí un elitismo que, visto lo que sucede en otros países, no es la panacea del sector, explica las miserias de su desarrollo. La náutica en este país, cuando ha crecido, lo ha hecho hacia abajo. Ricos hay, desde luego (con afición y sin ella), pero no son suficientes para que la náutica progrese. En Inglaterra hay ricos y pobres, como en todas partes, pero navegar se considera un pasatiempo de clase media. Otras leyes, claro. Otras facilidades. En Francia más de lo mismo. La náutica tiene muchos estratos, mal que les pese a algunos.
Respecto al hilo en sí, cuestiones gramaticales aparte (el término estafa no ha caído bien), hay que ser realista. Barcos cuidados y maltratados los hay en todos los rincones del mundo, pero la oferta patria es poco flexible y arrastra todavía las maneras de otras épocas más boyantes, cuando los barcos de segunda mano se revalorizaban de un año a otro como si fuesen una inversión. Un absurdo que todavía no se ha encajado. Basta con registrarse en “Boatshed”, por poner un ejemplo, y ordenar los barcos por precios de menor a mayor, para que las diferencias salten a la vista. Cuidados y maltratados, insisto. Precios para todos los gustos, bolsillos y empeños. El problema sigue siendo dónde atracarlos en un país en el que los puertos deportivos formaron parte de los excesos inmobiliarios y, en ocasiones, se sigue cultivando más el lado social que el hecho de navegar.
