Y ahora viene la traca final. Va a resultar un poco largo os lo advierto, pero creo que merece la pena para ponernos un poco en situación de lo que vendrá después, cómo se puede pasar de estar en el Edén a entrar en el Averno en tan solo 7 horas.
Vamos a situarnos en Abril del 2008.
SINGLADURA 23 (Miércoles)
El plantado súper-veterano con su boya estaba situado a veinticinco millas al Nordeste de la isla de Santo Tomé y se desplazaba arrastrada por la corriente a tan solo tres o cuatro décimas de nudo en dirección Sur. La mar era prácticamente como una inmensa balsa de aceite cuando el “Apóstol Segundo” se acercaba rápidamente hacia él. Aún faltaba un poco para que comenzara a amanecer y había Luna Nueva, o sea, no había Luna, así es que la noche era negra cual boca de lobo como vulgarmente se suele decir.
Aquella boya había hecho un recorrido casi inaudito, estuvimos haciendo seguimiento visual de ella durante meses en la pantalla de las boyas satelitarias con asombro pero sin poder visitarla porque viajaba por la costa de diversos países en cuyas aguas no podíamos pescar. Se echó al agua cerca del banco del 3º Sur y viajó haciendo W y WNW hasta que cruzó el Ecuador en 22º W.
después hizo N hasta el 5º Norte y posteriormente E hasta el Cabo Palmas, de allí viajó sucesivamente por las costas de Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Nigeria. De allí hizo Sur pasando por la parte oriental de la isla de Príncipe y ahora estaba con la isla de Santo Tomé por su parte SW.
Había realizado todo este periplo en 5 meses pero lo más asombroso del tema es que no hubiera sido interceptado por ningún cerquero o cañero coreano en su paso por Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín o Nigeria.
Faltaba algo más de una milla para llegar junto a la boya de la cual aún ignoraban los tripulantes si estaría con su plantado correspondiente o no, cuando Jon amoderó el motor hasta el ralentí y segundos después desembragó.
Inmediatamente después el sónar de baja frecuencia que permanecía en transmisión al igual que el otro desde media hora antes detectó algo que no era muy habitual a tan temprana hora ni a semejante distancia. En la parte de arriba del monitor a poco más de una milla de distancia apareció una mancha roja algo mayor que un huevo de gallina, Eustaquio exclamó:
-¡Ostia, ahí hay morterada, seguro!-
-Ojalá sea así pero yo no estoy seguro. Os he dicho muchas veces que aquí el interior del Golfo de Guinea, entre islas, es el criadero natural de barracudas y bananas principalmente, y como ya sabéis ambas especies tienen grandes y abundantes escamas. Debido a eso pueden generar una mancha descomunal en los sonares porque tanta escama actúa como reflectante de las ondas haciendo creer que hay mogollón de pescado. Lo mismo puede suceder en esta zona como en las proximidades de Guinea Bissau con el jurel, como ya nos sucedió la campaña pasada-
-¡Coño, no me jorobes Jon, no seas agorero!- protestó el capi
-Esperemos que sea material del bueno- porfió Javier
-De momento vamos a ponernos listos para largar- ordenó Somarriba
Javier hizo sonar la alarma en tres lagos timbrazos, Abdou echó a correr hacia el bote rápido con amplia sonrisa en el semblante, como hacía siempre.
Con la arrancada se habían acercado a seiscientos metros y el manchón en ambos sonares ahora era más grande que la cajetilla de cigarrillos que Jon acababa de extraer del bolsillo lateral de la sudadera de su chándal.
Encendió uno y después de meter todo el timón a estribor dió una palada avante para evitar que el barco se fuera encima del cardúmen. En su fuero interno presentía que aquello era pescado del bueno pero no quería echar las campanas al vuelo porque de equivocarse el berrinche sería monumental para todo el mundo, pero sobre todo para él, que lo tomaba todo tan a pecho, por añadidura era el responsable del barco así es que huelga añadir más.
-El bote está en el agua- informó Agustín
Un cuarto de hora después se encontraban con el arte en remojo y acababan de comenzar a virar los cables. Estaba amaneciendo y aunque el Astro Rey no había hecho acto de presencia aún se veía ya con bastante claridad. Entre otras cosas se divisaba nítidamente la brisa de pescado que había aflorado en plena largada alrededor del bote manejado por Abdou que sujetaba en su gancho de remolque el cabo que procedía del viejo plantado.
El mismo cabo que hasta poco antes estuviera sujeto a la boya forrada de percebes en toda su parte sumergida.
Una vez virados los cables y el plantado a bordo, Apolo, que sí era rubicundo ese día puesto que apenas había nubes en el firmamento, lucía en todo su esplendor mientras la brisa originada por la pesca encerrada en el cerco se hacía cada vez más grande y áspera, como cada vez era más grande y áspero el ansia que embargaba el corazón de Jon Somarriba.
Cuando habían virado la mitad del arte era más que evidente de que allí había mucho pescado, había que ser muy cegato para no verlo. La sonda lateral marcaba mucho, los brillos del gran cardúmen de listado grande que se movía próximo a la superficie eran continuos y numerosos y patudos jóvenes venían mallados vivos de continuo en las mallas grandes de la parte central de la red.
Cuando Koyo preguntó que cuántas anillas del saco debía coger, el patrón le respondió que diez, y el africano acogió la respuesta con júbilo, el saco de la red del “Apóstol Segundo” tenía doce en total.
La silueta de la isla de Santo Tomé se divisaba nítidamente por el Suroeste, un avión comercial de pequeño tamaño se acercaba por el Norte procedente de Príncipe, mientras un transbordador de pasajeros que se asemejaba más a un bus acuático que a una embarcación salía raudo en dirección contraria.
Estaba el extremo del saco entrando en el halador cuando éste casi se detuvo debido al peso. Había calma y chicha y el barco apenas se balanceaba, de haber un poco de balance la cosa se simplifica puesto que las oscilaciones del barco originan que a cada bandazo a estribor la red suba y cuando es a babor el halador recoja, así de simple. También es cierto que la ausencia de balances es primordial para en caso de que la cantidad de pesca encerrada en el saco sea muy grande éste no se rompa dando al traste con la faena. Un desastre mayúsculo, moral y económico.
A duras penas el gran “power-block” consiguió subir toda la red en posición de poder traer el fondo del saco arriba para poder embarcar la pesca.
Jon observó que aún al ralentí la panga les arrastraba poco a poco hacia atrás.
-¡Para, Abdou!, desembraga el motor- ordenó al panguero a través del walkie-talkie
-Ok, está parado patrón- respondió el senegalés
No hubo manera de halar ni un metro de paño con el rodillo hidraúlico del costado de babor puesto que el saco en su totalidad estaba muy tenso, tuvieron que comenzar a estrobar desde el principio usando como es habitual el lanteón manejado por una maquinilla con un tiro de diez toneladas.
-¡¡Chacha mowi!!- Animó Jon a sus muchachos
-¡¡Angawa!!- (1) berreó acto seguido, micro en ristre
Pero habían conseguido subir el saco hasta la mitad cuando la maquinilla del lanteón dijo basta, y se negó a virar ni un milímetro más, los paños del saco estaban tensos como cuerdas de violín apuntando hacia el fondo marino.
(1) ¡¡Adelante!! = En Kwa
-¡Koyo, vamos a poner el lanteón en doble!- gritó Jon a su contramaestre
-¡Javi, arría el aparejo real- prosiguió
Mientras tanto Koyo se apoderó de una pasteca de una sola roldana acabada en un gancho que estaba colgada de una barra en la banda de estribor de la maquinilla principal y la transportó a la banda de babor. El contramaestre ghanés había hecho aquella maniobra muchas veces con Jon, sobre todo cuando estuvieron faenando en el Pacífico, y se la sabía de memoria, por lo demás tampoco era muy difícil lo que iban a hacer, solo que al ser una maniobra ideada por el bermeano, era una faena desconocida por algunos tripulantes del barco en particular y por el resto de tripulantes de la flota en general.
Lo habitual en estos casos es continuar estrobando con el aparejo real, la consecuencia es que subir sube arriba lo que sea si el saco aguanta sin romper, que no siempre aguanta. Lo malo del asunto es que el aparejo real tiene tanta desmultiplicación que resulta lentísimo tanto al virar como al arriar, y mientras tanto el pescado se muere y en consecuencia el peligro de que reviente el saco se multiplica puesto que el pescado muerto lógicamente pesa mucho más dentro de la red que el vivo.
Cuando el cuadernal doble acabado en gancho que utilizaban para virar la panga estuvo a metro y medio de la cubierta Koyo encapilló la gaza del extremo del cable del lanteón en el gancho del aparejo real. Previamente había quitado de allí el gancho desengrilletándolo y después había pasado la gaza por la pasteca que trajera de estribor.
Jon ordenó a Javier virar el aparejo real hasta que hicieran tope ambas pastecas en lo alto del arraigado de la pluma principal a doce metros de altura sobre la cubierta, mientras tanto tuvo que arriar cable del lanteón.
En el momento que la pasteca doble hizo tope arriba, el lanteón pasó a ser doble puesto que en el seno de su cable había otra pasteca simple como ya he dicho antes.
-Bueno, vamos a ver, Eustaquio, no hagas lo posible para que reviente el saco, ya sabes, tienes que virar el lanteón y el rodillo a la vez y con suavidad- rogó Somarriba
-¿Cómo voy a hacer lo posible para reventar el saco?, qué cosas dices-
-Al bermeano hay que entenderle por lo que quiere decir, no por lo que dice- soltó el patrón
-Ya, mensaje recibido- accedió el capi con sequedad
Continuaron dando estrobadas a los paños del saco con facilidad hasta que estuvo en disposición de ser salabardeado, en poco tiempo comenzaron a embarcar la pesca.
Porriño se personó en la cónsola hidraúlica y preguntó al patrón:
-Oye, tenemos un lance de puta madre ¿no?- había estado mirando el saco desde la regala antes de subir
-Afirmativo- respondió el otro mientras miraba inquisitivo el gran saco
-Pero ¿cuánto crees que hay?- quiso saber el maquinista
-Yo creo que así a ojo debe haber unas doscientas-
-¡Carajo! Tenía preparadas dos cubas pero voy a preparar una más- y se largó
Cuando llevaban embarcadas cerca de doscientas toneladas, hora y media después, apareció de nuevo preguntando que cuánto quedaba.
-Pues si no queda una cuba más, no andará lejos- respondió Somarriba, que lo había pasado mal, como cualquier otro patrón cada vez que se realiza un gran lance
-Mecagüen la puta- exclamó Sabino y echó a correr de nuevo
Embarcaron finalmente doscientas cincuenta toneladas de las buenas, habían descontado diez por si las moscas y otras cinco que calcularon de especies asociadas que inevitablemente habían caído en las cubas. En cuatro horas había finalizado todo, contando desde que la panga había salido de la popa del barco hasta que regresó de nuevo a su alojamiento.
La mitad del total de la pesca estaba compuesta por listado grande, de dos a cuatro kilos, la otra mitad se trataba de rabil de todos los tamaños, desde tres kilos hasta setenta, y patudo joven de cinco a veinticinco kilos a partes iguales, es decir, la captura había sido magnífica no solo por el volumen, además de esto y cosa poco habitual en aquella zona no habían capturado especies de pequeño tamaño ni melvas ni bacoretas. Tres barreños de barracudas de buen tamaño pasaron a engrosar el “avituallamiento” de la gambuza, además de numerosos peces-ángel, bananas, dorados etc y el cocinero Lass con su pulgar vendado señalaba el cielo encantado.
Sujetaron cuatro flotadores más de poliestireno al viejo plantado por su cara inferior, limpiaron de percebes la boya y después de depositarlos en el agua embarcaron la panga y pusieron rumbo Sur-suroeste.
Tenían una boya de radiofrecuencia a diez horas de allí y pararían cerca de ella para visitarla por la mañana siguiente.
Cuando el batelero Abdou apareció por el alerón de babor, la exultante sonrisa le llegaba de una oreja a la otra, se le veía muy contento.
-Allahu akbar- (1) exclamó contento dirigiéndose al patrón cuando vio a éste mirándole
-Salam aleikum- (2) respondió el bermeano sonriendo también
-Aleikum salam- concedió el senegalés, feliz
El resto de la jornada de pesca hubo más animación que de costumbre entre la dotación del “Apóstol Segundo”, como es lógico. Lito, que no cabía en sí de gozo hacía kilómetros por todo el barco con su trapo sucio en la mano recordando la repetición de la jugada a todo aquel que se le ponía a tiro.
Después de la ducha cotidiana cuando Jon apareció en el salón-comedor, le recibió con una sonrisa de oreja a oreja y un cubata recién preparado
-Oye viciño- saludó al que de vecino suyo no tenía nada -Ya se ve que me estás haciendo caso ¿eh?, otras dos de esas y nos vamos a casa llenos- soltó ladino
-Otras dos de esas no entran a bordo, con una me conformo- replicó Javier
-Ya empieza Paco con las rebajas, que vengan dos, que ya me encargaré yo de darles frío- intervino Porriño
Continuaron de esa guisa durante toda la cena, entre pullas y bromas. Por lo visto al capi y al primer mecánico se les había olvidado la que montaron unos días antes. Sin embargo a Jon le costaría quitarse el disgusto de encima por lo menos hasta las vacaciones.
Llevábamos 23 días de mar y teníamos 900 Tm de pescado a bordo, era una marea horrible para toda la flota pero tuvimos suerte o acierto y habíamos pescado más del doble que el segundo en el ránking.
Teníamos un montón de días por delante para llenar el barco hasta las cartolas, aquel barco metía 1.300.
(1) Allahu akbar= Alá es grande, en árabe
(2) Salam aleikum= La paz sea contigo, en árabe
Jooooooobar, hay que ser ceporro, se me habían olvidado las fotos.





