Ver mensaje
  #3  
Antiguo 09-06-2020, 16:58
Avatar de TXELFI
TXELFI TXELFI esta desconectado
Hermano de la costa
 
Registrado: 31-07-2011
Edad: 69
Mensajes: 6,847
Agradecimientos que ha otorgado: 4,817
Recibió 8,430 Agradecimientos en 2,978 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Historias de la pesca del atún tropical

Diamé dejó de reír y sacó de otro bolsillo un segundo sobre con los pases temporales para todos los marinos con validez de cinco días, aunque al siguiente día viajarían seguramente a sus respectivos países los no marfileños, excepción hecha de Israel, que tardaría un día más y Jaime que debía atender la recogida y entrega de la panga del cerquero naufragado en el varadero, amén de otras cuestiones como la inminente varada del “Urbero”, que tenía que planificar con el jefe de Carena, el varadero local.
Jon solicitó un microbús con chófer para las seis de la tarde para que les transportara al popular barrio de Treischville para realizar las compras necesarias.

El bermeano firmó el recibo que le largó el marfileño y se metió los cuatrocientos mil francos CFA en el bolsillo de su tejano, después despidiéndose del empleado de la consignataria se acercaron a la larga mesa ocupada por todos los naúfragos excepto él y Eustaquio. Habían dejado una silla libre en el centro para el patrón justo enfrente de Koyo, el Inspector se sentó en uno de los dos extremos.
Acababa de sentarse el rubio cuando su contramaestre le interpeló:

-Patrón, tengo que decirte una cosa de parte de todos los tripulantes africanos-

Todos los presentes guardaron un silencio sepulcral, solamente interrumpido por los murmullos procedentes de las mesas adyacentes, Jon frunció el ceño preocupado, <<¿Qué carajo habrá pasado ahora?>> pensó

-Dime Koyo ¿Qué pasa ahora?- se notaba la preocupación en su rostro

-Nada malo patrón, hemos estado hablando entre todos nosotros y queremos mostrarte nuestra gratitud por la forma en la que has sabido manejar el tema del abandono del barco y demás. Gracias a ti se ha hecho todo de una manera impecable y nadie ha sufrido daño alguno. Solamente se ha accidentado Daniel pero no ha sido culpa tuya, si no de los que nos han arriado una escala podrida.
Incluso el detalle de la boza de la panga que fue ideado por ti en mi primera marea como contramaestre y en lo cual yo personalmente no creí, nos ha servido para no tener que pasar la noche en las balsas. Estamos orgullosos de que seas nuestro patrón y queremos que lo sepas, aparte de que nos gustaría que continuaras siéndolo- terminó su discurso Koyo

A Jon se le había hecho un nudo en la garganta desde las primeras palabras de su contramaestre y tardó en reaccionar. Hizo un esfuerzo infrahumano para no derramar una lágrima, tanto que su rostro se contrajo en una mueca horrible de sufrimiento y agradecimiento a la vez, infinito.
Lito estaba sentado a su izquierda y le dijo dándole suavemente con el codo:

-Koyo tiene razón, es de admirar la serenidad y temple que has tenido-

-Sí señor, al César lo que es del César- ratificó Sabino desde su derecha

En parecidos términos se expresaron el resto de los allí reunidos. Jon estaba medio aturdido. Jaime tenía una sonrisa dibujada en sus labios, congeniaba bastante con el rubio desde la primera vez que se trataron. Había dicho a su tío, el propietario de la compañía, y a sus primos que en sus tiempos de camarero el rubio patrón bermeano le había tratado siempre con la mayor corrección, al igual que el resto de los oficiales del barco en general. No decía lo mismo de sus ex compañeros de fatigas de rango similar al suyo, que durante su estancia en aquel atunero ahora desaparecido le obsequiaron con un sinnúmero de epítetos y pullas desde que se enteraron de que el camarero del barco era sobrino del propietario del mismo.

-Gracias a todos y parad de una vez si no queréis verme llorar- consiguió articular entrecortadamente el agasajado -Os habéis comportado de una manera ordenada, como adultos que sois, y ha sido fácil guiaros dada la gravedad de la situación, aparte de que disponía de varios ayudantes inmejorables, así es que basta de lisonjas y comamos- quiso terminar Jon

-Bonne apetit- dijo Koyo

-Buen provecho a todo el mundo- repitió el resto a coro

El patrón abrió el sobre con los pases y buscó el suyo, después entregó a los más próximos el blanco papel firmado y sellado en el cuartel de la policía portuaria y entregó el resto al contramaestre para que los repartiera después del almuerzo a sus respectivos titulares.
Les fue servido un buen almuerzo en un ambiente ameno, justo a los postres Jaime le pasó su teléfono móvil a Jon con una llamada. Se trataba de José Alosno que quería saludarle y de paso interesarse por su estado, asimismo pidió disculpas por no acudir a recibirles en puerto.
A continuación llamó Emma para informar a Jon de que Daniel tenía dos costillas con fisura y un fuerte golpe en la rodilla pero nada roto, se trataba solamente del golpe, nada grave según las pruebas médicas a las que había sido sometido en una clínica de propietarios y responsables libaneses de prestigio.
Asimismo le comunicó la confirmación de los pasajes para el día siguiente.
Después del almuerzo y de los cafés la mayoría de los náufragos subieron a sus respectivas habitaciones a descansar, algunos se fueron de paseo y los nativos a sus respectivos hogares. La noticia de la pérdida del “Apóstol Segundo” corrió más raudo que un reguero de pólvora encendida, por toda la capital de Costa de Marfil y parte de Ghana.
A las cinco y media Jon se duchó y a continuación sentándose en la mesa de su habitación continuó con su escritura:


Todo lo narrado por mi persona se ajusta exactamente a la verdad de lo ocurrido. En justificación de lo anteriormente expuesto ofrezco información testifical al efecto de los testigos que presento en este acto, D. Eustaquio Arqueros Paz, D. Javier Goiricelaia Soto, y D. Sabino Porriño Pando, tres de los Oficiales del buque de mi mando.

Por todo ello, en cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 624 del Código de Comercio y 2.173 de la Ley de Enjuiciamiento Civil:
DECLARO: Que los hechos aquí consignados han sido debidos a causas fortuitas o de fuerza mayor , sin que haya existido culpa ni negligencia por mi parte ni por la del personal a mi mando, de lo cual doy fe, por lo que:
Formulo solemne Protesta contra armadores, aseguradores y contra todo aquel que proceda en Derecho, con expresa reserva de ratificarla, ampliarla y o modificarla en su día si fuere preciso, por lo tanto:

SUPLICO al Juzgado se sirva admitir a trámite este escrito, testimoniando la práctica de la información testifical ofrecida, acordando se libren y entreguen al promovente, testimonio triplicado de este escrito y de la providencia que en el expediente recaiga, por ser de Justicia que pido en Abidján a las … Horas del Día ... de Abril de 2008

OTROSI DIGO: Que por ser estas diligencias de carácter urgente al tener que repatriar a la totalidad de la dotación del barco naufragado, incluída mi persona, al Juzgado suplico se sirva practicarlas por sí mismo sin sujetarlas a reparto.

SEGUNDO OTROSI: A los efectos de notificación y entrega de los testimonios interesados y cualesquiera otros trámites, designo como domicilio en este puerto el del consignatario del citado buque Dña. Emmanuela Arrizabalaga Larrauri, directora adjunta de la compañía consignataria SOGEM cuyo domicilio social es Grand Port de Péche BP 7059 Abidján (Cóte D´Ivoire), suplicando asimismo al Juzgado tenga por hecha esta designación a los efectos del artículo 264 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.


Firmado: Jon Somarriba Zarra



Sobre las seis de la tarde había terminado el trabajo, metió los folios en su maleta y con el sobre con el dinero, el pasaporte, el pase y la tarjeta de la puerta de su habitación en sus bolsillos se encaminó a la puerta de la habitación de Javier contigua a la suya y la golpeó con los nudillos:

-¿Quién es?- respondió el lekeitiano en el acto

-Soy yo- Javier abrió la puerta al mismo tiempo que enfrente Sabino hacía otro tanto

-Buenas tardes, tenemos que marcharnos de compras muchachos, antes de que cierren las tiendas- sugirió Jon

-Te estábamos esperando- respondió Javier -Pensábamos que dormías-

-¿Durmiendo yo? ¿Y quién escribe la protesta?, la tengo terminada-

-Eres la hostia- respondió Sabino -Podías haberla hecho mañana-

-Déjate de leches, cuanto antes terminar estas cosas mejor- dijo el rubio

Apareció Julián que había oído sus voces y éste a su vez llamó a Israel. Lito y Lucio estaban abajo en el bar según Porriño. Cuando descendieron se encontraron con ambos gallegos que estaban acompañados de Koyo, con sendos vasos ante sí que contenían restos de un refresco de cola, trozos de limón y de cubitos de hielo.
Después de los saludos el patrón interpeló a su contramaestre:

-Oye Koyo, quiero que me digas la verdad, por favor. No creo que ningún tripulante africano se quedara sin ropa, porque excepto tú fueron los primeros en abandonar el barco con sus equipajes, corrígeme si me equivoco-

-Es cierto patrón, ninguno hemos quedado sin ropa. La mayoría hemos olvidado en el barco cosas pequeñas pero nada de importancia-

Jon sacó de un bolsillo el sobre con el dinero y después de contar entregó un fajo al ghanés diciéndole:

-Toma cien mil francos, quiero que entregues cinco mil a cada uno de los africanos, tú incluído, para que no tengáis que rascaros el bolsillo cuando toméis un refresco o lo que sea entre hoy y mañana-

-Gracias patrón, tendré que empezar a localizarles uno a uno- dijo Koyo

-A los que se han marchado a casa les darás mañana, para que no haya malos rollos. Todos tus compañeros tienen teléfono móvil, ya lo sabes, así es que te costará poco contactar con ellos, la telefonía es muy barata aquí. Cuando les digas que es para entregarles cinco lechugas a cada uno aparecerán enseguida- dijo risueño el bermeano

-De acuerdo, no te preocupes, así lo haré- y el contramaestre se despidió

Hacía cinco minutos que Antoine, uno de los chóferes de la SOGEM les estaba esperando cumpliendo órdenes de Diamé. Se trataba de un nativo de unos treinta y cinco años, mediana estatura y mandíbula inferior prominente. Era bastante simple de espíritu el hombre, eso unido a que solamente hablaba una docena de palabras en español y a que debido a su timidez, si se le apremiaba se atascaba de tal manera que de su boca no salía palabra, a veces parecía tonto. Pero nada más lejos de la realidad, por ejemplo, sabía conducir cualquier vehículo con rapidez y sorprendente solvencia como pocos, en el caótico y abundante tráfico de Abidján.

Se acomodaron en uno de los dos microbuses de color blanco en cuyos laterales se podía leer en grandes letras azules “SOGEM”, que les habían llevado al hotel por la mañana. De copiloto se sentaba Jon, en el segundo asiento Sabino y Lito, en el tercero Israel y Javier y en el cuarto Julián y Lucio. El vehículo de doce plazas ocupado solamente por ocho personas resultaba bastante cómodo.
Somarriba indicó con su mal francés a Antoine que les llevara a Treischville para comprar ropa, y el nativo comprendió con rapidez, veinte minutos después detenía el vehículo en una calle del popular barrio marfileño atestada de tiendas de todo tipo surtidas de toda suerte de ropa, calzados, complementos, productos de aseo, menáge y pequeños electrodomésticos. La calle entera parecía la meca del comprador de bajo poder adquisitivo.


Una hora después se instalaban de nuevo en el Mitsubishi con unas bolsas de plástico en sus manos. Jon parecía otro, vestía unos jeans y una gruesa camisa a juego, ambos de la mítica firma americana Levi´s, no hacía nada de calor aquel día, y una vez anochecido menos. Había adquirido además una camiseta, un par de calzoncillos, dos pares de calcetines, una maquinilla de afeitar desechable y cepillo y pasta de dientes. La vestimenta con la que había entrado en la tienda de turno yacía ahora en una bolsa de plexiglás pendiente de su mano.
Sus compañeros de fatigas habían adquirido a su vez variadas prendas, no así calzado ninguno de ellos porque hubieran necesitado el doble de dinero del que disponían, se conformaron con el que guardaban en su maleta, en el caso de Jon con el que calzaba desde el abandono del barco, unos modernos y nuevos zapatos ortopédicos de color azul oscuro como los que utiliza numeroso personal sanitario por sus cualidades. Estaban especialmente diseñados para personas que por razones de trabajo tienen que permanecer muchas horas de pie.

-Patrón ¿A dónde vamos?- preguntó el chófer

-Al hotel, Antoine- respondió el otro deslizándole un billete de mil

-¿No vamos a tomar una vitamina por ahí primero?- sugirió Lito

-Será mejor que lo tomemos allí, son las ocho, estarán cenando ya- replicó Jon

-¡Vaya carallo que leva aquel can!- exclamó Lucio cabreado, siempre tenía sed

Jon no lo hacía para fastidiar, temía a sus hombres tanto como a sí mismo. Venían de padecer una situación muy jodida y podían fácilmente caer en la tentación de liarse, porque la mayoría de ellos tenía dinero en sus bolsillos de las “sobras” de la anterior estancia en puerto.
Julián e Israel no dijeron ésta boca es mía, pero Sabino apoyó las palabras de Jon.

-Tomaremos un reconstituyente en el bar del hotel antes de cenar- dijo éste último

-Mejor así, no me jodáis con vuestras historias. No tengo ganas de quedarme sin cenar como ayer- manifestó Porriño -Después de que me dejéis frente a la puerta del Ivoire Star podéis iros a donde os dé la real gana- añadió ceñudo el maquinista

-A sus órdenes- berreó con sorna Lito mientras pensaba para sí <<Aguafiestas>>.

Poco después estaban todos de tertulia con sus correspondientes vasos de combinados delante, en el bar del hotel rodeados de bolsas de plástico y acompañados de Jaime.
Se les acercó un camarero preguntándoles si no querían cenar. Ante su respuesta afirmativa volvió a preguntar, ésta vez a qué esperaban.
Subieron rápidamente a sus habitaciones para depositar allí sus bolsas e inmediatamente descendieron al gran comedor, los tripulantes senegaleses no se presentaron a cenar ninguno.

-¡Claro!, les has dado cinco mil leandras a cada uno, y con eso los africanos son capaces de hacer encajes de bolillos. Se habrán ido a comer cuscús- soltó Lito

-Pero es absurdo- dijo Jon -Podían comer bien aquí gratis y gastarse sus cinco mil en otras cosas-

-Nunca entenderás a los colacaos por muchos años que hagas aquí- respondió el marinense -Esos individuos son así, les gusta ir a su bola-

-No sé, quizá tengas razón. Ellos piensan diferente a mí, eso está claro- aceptó Jon

Cenaron en buena armonía poco más de la mitad de la dotación acompañados de Jaime, después los tripulantes africanos se marcharon a la calle los primeros y los gallegos a continuación acompañados de Israel. Quedaron Solamente Jon, Sabino, Javier, Julián y Jaime en el bar del hotel. Tomaron un reconstituyente durante la animada charla que sostuvieron durante más de media hora y después se retiraron a sus respectivas habitaciones.
Jon estuvo acostado con las manos bajo la nuca viendo la televisión hasta las doce de la noche, se visionaban dos canales españoles vía satélite, al igual que en todos los buenos hoteles de aquél país. Cuando a medianoche se le comenzaron a cerrar los párpados apagó la tele y veinte minutos después estaba dormido.
__________________
Stemma Proderi In Primis Bermei

Editado por TXELFI en 09-06-2020 a las 17:18.
Citar y responder
11 Cofrades agradecieron a TXELFI este mensaje:
aquademare (03-07-2020), azogue (10-06-2020), chukel (10-06-2020), Edu (21-04-2021), iperkeno (14-06-2020), llanera (09-06-2020), magallanesXIX (09-06-2020), moryak (12-06-2020), oihan (09-06-2020), terranova (10-06-2020), Xoro (10-06-2020)