Re: Historias de la pesca del atún tropical
-La madre que parió al tío ese, me ha tenido media hora acosándome a preguntas-
-A partir de ahora no meterás tu cartilla en la maleta- se burló Julián
-Claro, mira el listo éste, después de verle los cojones al burro…….-
Hubo de esperar a que el camarero regresara de nuevo con su cerveza, Jon pagó la cuenta. Media hora después pidieron otra ronda y esta vez fue abonada por Sabino.
A las nueve y media llamaron por megafonía a los pasajeros de su vuelo, tocaba hacer cola de nuevo para pasar a la sala de embarque.
Un cuarto de hora más tarde se reunieron en la sala de embarque atestada de viajeros donde no había un solo asiento libre. Tuvieron que resignarse a permanecer de pie hasta que fueran llamados a embarcar.
-¿No vamos a tomar otra birra?- preguntó Lucio, había un pequeño bar también allí
-Yo no quiero más- respondió Sabino, el rubio expresó lo mismo
Julián, Lucio, Lito y Javier se arrimaron a la barra del bar, mientras los dos bermeanos se dirigieron a curiosear en las pequeñas tiendas de duty-free que había allí en número de media docena, había que matar el tiempo como fuere.
A las diez formaron cola de nuevo para el control de tarjetas de embarque y pasaportes para acceder al pasadizo que conducía a la pasarela del avión, pero en medio del estrecho y largo pasillo salpicado de ventanas hubieron de hacer cola una vez más para ser cacheados e investigados con un detector de metales uno a uno. Los viajeros que llevaban equipajes de mano debían abrirlos sobre unas mesas dispuestas a tal fin para que fueran registrados por manos enguantadas en látex.
Cuando por fin los ex-tripulantes del atunero de cerco fenecido pocos días antes consiguieron sentarse en sus respectivos asientos del poderoso Airbús A330 eran exactamente las diez y veinte minutos de la noche, justamente la hora para la que estaba previsto el despegue. Les había tocado en la fila de tres asientos de babor, justo a la altura del ala izquierda, Lito, Julián y Javier delante y los otros tres inmediatamente detrás de ellos.
Despegaron, sí, pero con cuarenta minutos de retraso sobre el horario anunciado. Jon Somarriba cerró sus ojos en el momento en que el gran tren de aterrizaje se separó de la pista y se santiguó como hacía siempre. El ruido generado por los dos potentísimos turborreactores girando a su régimen máximo durante la maniobra del despegue tapaba el llanto de los asustados niños que inevitablemente albergaba el moderno aeroplano.
Con los párpados obstinadamente cerrados Jon Somarriba recreó en su mente una especie de caleidoscopio en el que desfilaron los rostros de los tesoros que vería en unas horas, María, Naiara, Maite, Elizabeth, Laura, Argi, y cómo no, sus padres y sus sobrinos.
Cuando media hora más tarde se apagaron las luces que ordenaban mantener los cinturones de seguridad abrochados, el fatigado patrón bermeano soltó la hebilla del suyo y abriendo los ojos se encorvó hacia adelante para apoderarse de la revista de rigor de la Air France. Fue entonces cuando sintió un bulto en el bolsillo derecho del tejano, metió la mano en el mismo y extrajo un objeto que al tacto parecía un encendedor desechable, pero el encendedor estaba en un bolsillo lateral de la chaqueta vaquera.
Lo que Jon tenía en su mano derecha era el pendrive en el que estaban acumuladas horas y horas de trabajo y montones de datos de túnidos y de pesqueros.
<<¡Maldita sea!>> pensó el pescador apretando el pequeño artilugio en el interior de su puño cerrado de tal manera que los nudillos se le pusieron blancos <<No he terminado mi libro, sabe Dios cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que vuelva a tener ganas y energía para terminarlo. Que sea lo que Él quiera>>.
Este escrito no persigue otro fin que además de servir de guía identificativa de la vida y costumbres de las distintas especies de túnidos, acercar también un poco al gran público la convivencia y actividades cotidianas en un atunero de cerco.
Por último, quisiera también que esta obra sea un pequeño homenaje a mis familiares y amigos, estén vivos o no, y cómo no a mis ex-compañeros de fatigas durante tantos y tantos años de brega, y por último a aquellos bermeanos intrépidos que fueron los pioneros de lo que hoy en día conocemos como nuestra gran flota atunera, referente en el mundo entero. Muchísimas gracias a todos ellos.
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Stemma Proderi In Primis Bermei
Editado por TXELFI en 11-06-2020 a las 14:43.
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