Re: navegando con delfines en Barcelona!!!!!
En España los llaman delfines solitarios, en Francia, más románticos les dicen delfines embajadores. Y es que son como mensajeros de otro mundo enviados para enseñarnos lo que realmente somos. Sin embargo no todos estámos preparados para uno de esos encuentros. y ellos lo saben, lo perciben y entonces la magia desaparece. Tu historia es casi la mía Itaca. Fuimos los elegidos, porque ellos nos eligieron. Transcribo esto ya escrito en la antigua taberna, hace ya algún tiempo...
Todo empezó así:
Puerto de Royan, Francia Atlántica, aquel verano del 2004.
"No lo puedo creer pero es cierto. ¡Un delfín aquí, al alcance de nuestra mano! Desde la neumática, abarloados a un velero, vemos cómo el bicho se acerca, cómo el agua se agita a su paso. A veces conseguimos rozarlo con la mano. Estamos en mitad de un puerto deportivo rodeados de embarcaciones amarradas en sus pantalanes. El delfín quiere contacto humano, eso está claro. Yo, que siempre he deseado que una oportunidad como ésta se cruzara en mi camino, no lo pienso dos veces y me meto en el agua suavemente. Tengo un miedo inicial, pero sobre todo miedo a asustarlo, a que se vaya, a terminar con éste momento mágico. Agarrado a la neumática, siento la turbulencia del agua cuando pasa junto a mis piernas. Parece que no se asusta así que suelto la neumática y nado suavemente hacia el centro, ya lejos de los barcos. Sé que está prohibido nadar en un puerto, sé también que es un bicho salvaje, imprevisible, sé que tiene un tamaño más que considerable, que en sus mandíbulas yo sería un juguete, pero hay algo que me atrae hacia su contacto. Siempre con miedo a ahuyentarle, intento acercarme más, pero él inicia un juego. Cada vez que se asoma lo hace a mis espaldas. Entonces la gente me grita “ a ton arriere”. Me doy rápido la vuelta y él desaparece bajo el agua. A veces se sitúa bajo mis pies y deja que le pise. Al de un rato alguno más se anima a meterse al agua conmigo. Poco a poco el delfín va tomando confianza y al final ya hasta se queda a mi costado flotando inerte mientras le acaricio casi cada milímetro de su cuerpo. Le cojo la aleta caudal y consigo que me deje sacarla entera, toda la cola fuera del agua para mostrársela a la gente. Poco después Asier se viene conmigo al agua y tiene también su experiencia con el delfín. Una niña, ya desde el agua no para de decir Merçi Monsieur dophin, Merçi Monsieur dophin… Pero ya es tarde, la noche empieza a caer y muy a mi pesar, pero con el frío metido hasta los huesos salimos del agua y remamos hasta el barco."...
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La costa se iba acercando
a nuestros ojos cansados
y el perfume de los pinos
y el rumor de los guijarros
y en el agua un espejo
para vernos reflejados.
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