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Antiguo 07-03-2008, 00:02
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jontranquilo jontranquilo esta desconectado
Piratilla
 
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Predeterminado Re: navegando con delfines en Barcelona!!!!!

Son casi las dos de la madrugada cuando decidimos irnos a la cama.

Les digo que es casi seguro que está por aquí, merodeando. Sin embargo no aparece. Ya hace un rato que todos han bajado para abajo y yo también me retiro. Según estoy bajando por el tambucho suena un resoplido. ¡ El Delfín!
Suben tres corriendo y montamos en la neumática. Estamos ahí, en medio del agua, subidos en la neumática. No aparece. Le llamamos golpeando suavemente en el flotador. Nada.
Ya empiezan a decirme que he visto visiones cuando asoma otra vez resoplando. Sin dudarlo me desnudo y me meto al agua, todavía con respeto a asustarle pero ahora con miedo a la negrura de la noche. No se ve nada, hay una oscuridad absoluta en el agua. El delfín comienza su juego del escondite. Le oigo asomar a mis espaldas, me giro…
Le grito a Txente que se meta conmigo y acabamos juntos jugando al “que te pillo”. ¡Que frío! Salgo a ponerme un neopreno. Txente , aterido por el frío, acaba su juego, pero yo continúo. Y es que el bicho tiene correa para rato. Ya me lleva a rastras de su aleta caudal. También de su cola, boca arriba. Boca abajo, es increíble su fuerza y cómo la controla para no hacerme daño.
Ana intenta despertar a los niños para que participen de esta oportunidad única, pero duermen profundamente, están agotados.
Cada vez que el frío y la cordura me hacen acercarme a la escalera de popa para abandonar el juego, el delfín se acerca y apoya su cabeza en mi muslo. Suplica que no le deje, que siga el juego, y yo no me hago mucho de rogar.
En una de éstas, agarrado a sus dos aletas y él con el cuerpo boca arriba, se sumerge en las negras aguas y me arrastra suavemente hasta el fondo. Pero eso ya es demasiado, coño, que no soy un delfín , que eso ya impone mucho. Le suelto y vuelvo a la superficie, el corazón saliéndose de su sitio.
Los últimos escarceos son los más francos, los más entregados. Hay comunicación en cada uno de nuestros movimientos, pero yo, ya salgo, mi cuerpo no aguanta más. Me regala con un último paseo agarrado a sus aletas, él boca arriba nada rápido.
¡Qué regalo! Estoy más que emocionado, estoy flotando. Y es una sensación que me acompañará durante los próximos días, una experiencia inolvidable.
Quién me iba a decir a mí, siendo de la generación de Flipper, que acabaría cumpliendo este sueño de mi infancia…
Pero ahora es el sueño de adulto el que llena mi mente y mañana comenzarán los preparativos del barco, aprovechando la ayuda de los amigos. Nos dormimos agotados.
Al día siguiente les contamos a los niños el episodio del día anterior. Están alucinados. Miramos hacia donde le vimos el otro día y allí está. Embarcamos todos en el anexo y remamos hacia él. Según estamos llegando, el delfín se acerca a nosotros y empuja un poco el anexo por debajo. Esta vez son Ana, Nere, Txente Asier y Mikel los que acaban en el agua jugando con él. Desde la orilla hay un señor gritando no sé qué como un energúmeno. Asier nos traduce y dice que salgamos del agua, que el delfín es peligroso. No hacemos ni caso. Al cabo de un rato unos de los marineros que ayer estuvo flipando con nosotros, se nos acerca en un bote para decirnos que el susodicho energúmeno gritón al que no le habíamos hecho ni caso, no era otro que el capitán del puerto, que si no salíamos ahora mismo del agua, llamaba a la policía y nos echaba del puerto. Ok, captado el mensaje. Remamos hacia el barco y el delfín nos sigue, y nos empuja por debajo del agua. Unas cuantas caricias más y salimos. Al cabo de un rato se acerca a nuestro barco una pareja de Gendarmes. Ya está, la liamos. Traen unas fotocopias de un periódico en el que dice que el delfín es peligroso, que tiene un comportamiento anormal en su especie, que el capitán e stá muy disgustado etc. Les preguntamos a cuánto está la multa por bañarse, ya que la pagaríamos encantados. Les contamos lo del baño de anoche y que el delfín es tan agresivo como un mastín del pirineo en pleno pirineo, impone pero no es una bestia incontrolada. Al final nos dicen que sí, que tenemos razón, que si no tuvieran el uniforme ellos también estarían en el agua, pero que si volvíamos a bañarnos nos echan del puerto y que hagamos el favor de ir a disculparnos al capitán. Ok, Captado el mensaje, nos vamos a disculpar a la capitanía, pero él no está. El segundo de abordo (que también estuvo ayer flipando con nosotros) nos dice que nos da por disculpados y que transmitirá nuestras disculpas al “Capi”.
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Itaca, tú y yo tuvimos la gran suerte de vivir una experiencia parecida, espero conocerte algún día para comentarla. Aunque creo que te ví una vez rondando los pantalanes de la velux, o me equivoco?
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La costa se iba acercando
a nuestros ojos cansados
y el perfume de los pinos
y el rumor de los guijarros
y en el agua un espejo
para vernos reflejados.


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