Otra "singularidad" que me encanta de nuestro Cantábrico es que un día de esos en los que te bajas del barco con la ropa de agua puesta, el clásico día que la gente "normal" aprovecha para leer el periodico en la cama, desayunar tarde, ordenar el trastero para luego ir a uno de esos monstruos comerciales y volver a llenar lo que ha vaciado... pues eso... que te bajas del barco y ves a un monton de cofrades de esta Taberna sonriendo. ¿Qué tendré el Cantábrico que cuando saltamos a tierra seguimos sonriendo?
