Re: Han decorado un faro.
Pintar el faro ha sido una ocurrencia propia de estos tiempos pautados por el revuelo de las redes sociales. La excusa de que una parte del mismo va a permanecer como está, no es más que un apaño que cuestiona al artista y a la autoridad marítima competente. El papelón de los políticos mejor no comentarlo. Por lo visto, lo que antes era hermoso y garantía de un turismo tranquilo, se ha convertido ahora en un bulto de hormigón sin interés y una pobre vaca pastando sobre un prado salitroso. El faro y el paraje por sí solos no bastan. Hace falta más. Es curioso ver cómo los elegidos en las urnas dan la espalda a sus anteriores predicamentos para abrazar una supuesta modernidad. Que el autor de la obra solo vea un cilindro blanco sobre el que expresarse lo cataloga. Un faro es otra cosa, no una fachada muerta o un muro al que otorgarle cierta dignidad. Perdonarle la vida como señal de navegación aduciendo que la trama y los colores son más tenues en el lado que da al mar (como si un cilindro tuviese lados), sonroja. Lamentables también las burlas hacia aquellos que han cuestionado el proyecto, acusándolos de provincianos e incapaces de valorar el arte. Vendrán más turistas, por supuesto, unos legítimamente –los que admiren al autor- y otros llevados por el efecto “eccehomo” similar a otras peculiares restauraciones de nuestro patrimonio. Todo vale. Un artista pretendidamente rompedor trabaja para ser cuestionado o aplaudido. Más aún un muralista. En esta Taberna, en cambio, deberíamos respetar la solitaria belleza de los faros. Lo que representan para nuestros barcos. Conrad decía que las anclas se forjan buscando fidelidad. De ese respeto y esa fidelidad marinera andamos bastante escasos muchos.
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