Comparto por completo las apreciaciones acerca de que el orinque se más fuente de problemas que otra cosa en calas concurridas y con fondo de arena.
Lo de encontrarme a un tipo intentando amarrarse a mi orinque me pasó una vez hace años, y lo cierto es que me di cuenta de casualidad. Estaba en una cala virgen de la Bahía de Pollensa en la que el fondo es mixto de posidonia y arena, con alguna que otra roca y en la que, de vez en cuando, durante el invierno cae algún que otro pino que acaba en el fondo y puede ser un sitio genial para que se te enrede el ancla.
Éramos un grupo de amigos y habíamos fondeado en unos 8 metros de agua con alrededor de 35 metros de cadena y, como llegamos poco antes de la puesta de sol y ya se había ido todo el mundo, al fondear decidí orincar precisamente por si había alguno de esos preciosos troncos que se instalan allí de vez en cuando. Así que, una vez finalizada la maniobra de fondeo, hice lo que hacemos todos, careta y al agua a ver cómo estaba .... el ancla sobre arena, unos 7 u 8 metros de cadena sobre la arena sin problemas pero, se separaba del fondo precisamente porque había uno de esos lindos troncos, en una posición ideal para enganchar el ancla si cometes el error de dejar que el molinete tire del barco en vez de dar avante para levar el hierro. Después del tronco la cadena volvía al fondo y unos metros más atrás ya se levantaba para llegar hasta la roldana (menos mal, porque sino significaría que algún cabestro había tirado toda la cadena al mar y el barco estaba suelto).
Felicitándome por mi previsión, volví a bordo y procedimos a hacer lo que se hace en estos casos, bañarnos, aperitivo, cena, copas, etc... y a dormir.
A eso de las cinco de la mañana, oigo unas voces bastante achispadas felicitándose por no tener que fondear puesto que alguien había puesto un muerto. Subo a cubierta, más o menos despierto y no precisamente dueño de todas mis facultades dado que la sobremesa había sido letal para un par de botellas de ron, enciendo el foco de cubierta, me voy a proa y les llamo la atención para que no se amarren. La respuesta fue la que alguien ha mencionado, que si quería la boya haberme amarrado a ella en vez de fondear.
Sin enfadarme, porque ellos estaban más o menos tan sobrios como yo antes de irme a la cama, les pude explicar (y lo entendieron) que no era boya de muerto sino de orinque. Y, como no parecían tener muy claro lo del borneo y dónde estaba mi ancla, a pesar del orinque (es lo que tiene Baco, que es muy cabrón y desorienta a personal), les expliqué que lo mejor para todos era que fondeasen a mi popa y así todos podríamos bornear tranquilamente sin necesidad de defensas.
Lo cierto es que, al día siguiente, tras combatir la resaca cada uno como mejor supo, nos pusimos a hablar y, como el mundo es tan pequeño, resulta que el armador era amigo de un amigo, así que acabamos todos en mi barco, que era más grande, compartiendo pitanza y tragos. Por desgracia, este final no suele ser habitual hoy en día porque la gente tiene una extraña tendencia a perder los nervios en los fondeaderos , algo que no acabo de entender porque se supone que vamos al mar a desestresarnos.
En cuanto a lo de las defensas cuando estamos en un fondeo concurrido, yo antes era totalmente contrario a que las defensas se viesen una vez el barco estaba fuera del amarre, hoy en día y visto que mucha gente parece haberse perdido la lección esa en la que te explican cómo fondear sin fastidiar al prójimo, ya me parece más normal ponerlas por si acaso.



salud!!!