El barco es un Bavaria 42 del año 2007. Mayor enrollable.
Ahí va mas.
Funchal.
No había sitio para nosotros en el puerto y nos abarloaron a un pesquero de madera, muy viejo, aunque bien restaurado que servía de barco escuela a los conservadores del parque marítimo. Los marineros se esmeraron ayudándonos con la maniobra. Buena gente esta de Funchal.
En cuanto terminamos Pedro y Jesús salieron corriendo como alma que se lleva el diablo, yo les seguí después de coger la documentación.
El puerto deportivo de Funchal no es grande, como el de San José en Almeria mas o menos, aunque esta mejor protegido por el puerto exterior para cruceros. En su perímetro la Taberna del Puerto, dos restaurantes, una tienda náutica las oficinas del puerto y de policía. También aunque cerrados un centro de buceo, excursiones en barco para ver ballenas y esos negocios que atienden a los navegantes ocasionales. Pero muchos de ellos estaban cerrados por falta de turistas. Subiendo unas escaleras se accede al paseo marítimo y al centro de la ciudad.
Como era de esperar, Jesús y Pedro estaban en la Taberna del Puerto armados con sendas jarras de medio litro de cerveza a medio beber. Otras dos jarras yacían exhaustas encima de la mesa. La Taberna la regentaba una señora de cincuenta y tantos, descuidada y vestida de negro, pero muy amable y simpática. Le preguntamos donde comer mejor y nos recomendó el restaurante que estuvimos viendo desde el barco. Los marineros también nos lo habían recomendado. El nombre Beerhouse, nos echaba para atrás, parecía una franquicia, pero en internet le daban una de las mejores puntuaciones de los restaurantes de la isla. Y la ubicación era perfecta con magnificas viats al puerto y al mar. También le preguntamos por el alquiler de un coche. Se encargó de todo y por 39 euros al día nos traerían el coche al puerto y lo recogerían allí cuando nos fuésemos.
Hice el papeleo y después, todos a ponernos si no guapos, que no lo somos, al menos limpios para ir a comer al Beerhouse. Pedro pidió carne, Jesús y yo bacalao. Nos ofrecieron “bolo do caco” aceptamos y repetimos y a partir de entonces fue una constante en todas nuestras comidas en Madeira. El “bolo do caco” es una panecillo caliente hecho con batata, típico de Madeira y se sirve untado de mantequilla de ajo.
El obenque roto no se me iba de la cabeza. En la tienda náutica me dijeron que había que mandar hacerlo en Lisboa y eso podría tardar 15 días. No era una opción viable, pero si tenían cable de acero de 6 mm y perrillos de acero inoxidable. Con la ayuda de Pedro reforzamos desde los tensores hasta metro y medio de la altura del obenque con cuatro cables de 6 mm. En teoría lo que hicimos tenía un 20% mas resistencia que el obenque nuevo y como medida de seguridad adicional colocamos un cabo de driza capaz de soportar mas de 2000 kg. Estábamos en condiciones de seguir la travesía pero seguía sin explicarme la razón de la rotura. No hay que decir que revisamos la jarcia en busca de algún otro problema. pedro incluso subió a las crucetas altas a inspeccionar.
Dedicamos dos días mas a hacer turismo por Madeira. Yo ya la conocía pero fue en otra época del año. Parecía igual de bonita pero diferente. Pedro y Jesús repetían constantemente: aquí tengo que volver. Era obligada una visita a Decatlon para que Pedro se comprase un saco de dormir y un chaquetón para el agua. Jesús también aprovechó para comprar unos pantalones de plástico para proteger sus partes nobles de los rociones.
Después, una visita a un supermercado para aprovisionarnos de cervezas, vino y alguna otra cosilla. Pedro no se olvidó de la mantequilla con ajo con que acompañaban al “bolo do caco” y que a partir de ahora condimentaría, hasta que se acabase, toda cosa sólida que entrase en su boca. Le increpamos cuando se lo aplicó a una hermosa loncha de jamón serrano y el contesto con fuerte acento polaco: A mi me vais a decir lo que es tener buen gusto....
Con pena dimos por finalizada nuestra estancia en la isla. Nos quedaban por delante mas de 600 millas de Océano Atlántico. Las previsiones para hoy eran de viento constante de 18 nudos y dirección NE, para mañana el viento iría subiendo a 20 nudos y rolando para el norte. A 100 millas del estrecho nos encontraríamos con una encalmada y en el estrecho desgraciadamente, nos encontraríamos levante de 18-20 nudos.
Desayunamos en la taberna del puerto. Con una generosa propina nos despedimos de la mujer. Recogí la documentación en las oficinas y me dirigí al barco. Pedro ya había arranchado y puesto el motor en marcha. Soltamos amarras y comenzamos a salir en busca del mar abierto. Me dio mucha pena ver vacíos los muelles de los cruceros. Todas las tiendas que los rodean estaban cerradas. Los grafiteros no habían desperdiciado la ocasión e igual que las hormigas cuando se te cae una miga de pan al suelo no habían desperdiciado un instante para decorar con abandono el lugar. Me despedí por radio del puerto. Mis gracias y mi deseo de volver fueron mas sinceros que nunca. !! que muy pronto vuestras calles rebosen de gente alegre!!! terminé.
Me aleje una milla de la costa y puse rumbo Este. Íbamos ciñendo. El cielo estaba parcialmente cubierto y el viento nos entraba por babor. El obenque dañado es el que trabajaba y lo observaba con cautela. Parecía que aguantaba bien. El viento comenzó a subir. Esta vez no me iba a pillar por sorpresa. Otra vez el efecto isla, baje trapo. Poco a poco subió hasta los treinta nudos reales y luego media hora mas tarde como había subido cayó.
El ferry de Funchal a Porto Santo nos pasó por estribor. Si hubiésemos tenido tiempo hubiese recalado en Porto Santo pero perderíamos al menos un día y Pedro siempre andaba con prisas. Siempre hay alguien en los barcos que tiene prisa. Puse rumbo 70 º . Para llegar en ruta directa al estrecho y contando con la deriva deberían haber sido 60º, pero con el viento presente el barco no aguantaba esa ceñida.
Continuara.... mientras tanto os sirvo unas jarras de cerveza bien fria...


