Navegando en solitario puede valer todo, a gusto de uno mismo. En compańïa y a partir de cierta edad e inevitable decrepitud, hay que intentar, por respeto y realismo, no afear innecesariamente “las vistas” a los acompañantes...
Respecto a navegar descalzo, cuando has dado un buen par de patadas a la polea de la guía del génova con en dedo meñique del pie al circular por los pasavantes, te has pegado el clásico resbalón con final aplastando el pie desnudo contra cualquier canto, herraje, o la tapa de regala, como única alternativa a caerte redondo sobre cubierta, se te pasan las ganas de seguir experimentando.
Ya ni te digo si de tal guisa pretendes accionar el molinete del ancla...
Nadie me ha explicado el sentido de navegar descalzo, por bien que al subir a un barco ajeno y encontrar a su armador descalzo , también me descalzo en el acto, pero no entiendo que una cubierta que queda expuesta a la intemperie todos los días del año, a la que limpias y cuidas cuando puedes...luego sea tan delicada que no puedas pisarla con unos zapatos naúticos, con una buena suela dispuesta para resbalar lo menos posible, y una mínima rigidez y defensa que te proteja el pie de golpes accidentales.
Conozco a algún armador que no duda en navegar descalzo en pleno invierno, motivo suficiente para no desear acompañarle en sus salidas fuera de temporada, ya que pocas cosas amargan más la existencia que sentir frío innecesariamente en los pies.
Saluods cordiales
