Todavía recuerdo cuando, hace unos años atrás, amarrado a una boya en Fornells, llegó un barco vecino con el patrón en bolas.
De esa guisa fue a proa a coger la boza de la boya que le estaba pasando el encargado del fondeo.
Cuando el patrón se agachó a coger la amarra, el boyero, yo mismo y los que estaban alrededor, estuvimos a punto de devolver la papilla de la mañana.
Desde entonces me persigue esa pesadilla!

