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Antiguo 16-09-2020, 14:28
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Predeterminado Re: Accidente Arturo Pérez Reverte

QUOTE=enric rosello;2273086]Nuestros idiomas no nacieron de un diccionario. El proceso siempre ha sido más bien al revés. Los diccionarios siempre aparecen después del idioma, y se van actualizando regularmente con nuevas palabras y acepciones.
En un principio nos entendíamos con gestos, luego con palabras que nos permitían conversar con los celtas, los íberos, los fenicios, luego los griegos, los romanos, más tarde los normandos, los árabes y así sucesivamente hasta nuestros días, en los que, tras el francés, se imponen el inglés y el chino como lenguas que 'tiran del carro'.
Poco a poco hemos ido amontonando un pupurri de palabras y frases semánticamente inspiradas en todas estas lenguas que hemos dejado atrás y al conjunto le llamamos castellano.
Si para entendernos utilizamos ahora las palabras winche, estay o genaquer, tarde o temprano las tendremos que incluir en el diccionario, explicando allí lo que quieren decir.
Ni los chigres ni los cabestrantes se referían a lo que en el argot náutico conocemos como winche. Uno era un 'winche' de amarras y el otro de líneas de fondeo. Lo que entendemos como winche apareció sobre un barco de regatas a mediados del siglo pasado. Antes no existía y nació como winche.
Hay palabras populares que en cuatro días están en el diccionario. El léxico náutico, por el contrario, debe de ser un misterio para los académicos y no se atreven con él. Por esto comentaba en un post anterior lo bien que nos iría que un miembro de la academia de la lengua como APR destinara algo de su tiempo en poner al día y de forma oficial nuestro vocabulario marino.
saludos y 'sorry' por el tocho.[/quote]

Otra doble de grog, que viene otra andanada bien cargada

¡Qué duda cabe que antes va el idioma y, detrás, el diccionario! La propia RAE, así lo indica (el resaltado es mío):

El Diccionario de la lengua española es el resultado de la colaboración de todas las academias, cuyo propósito es recoger el léxico general utilizado en España y en los países hispánicos.

Ahora bien, creo que esa incorporación debe intentar no empobrecer el idioma incorporando términos innecesarios (por ya existir sus equivalentes) o creando nuevos que generen ambigüedad o falta de precisión.

Para mejor explicarlo, recurro a otra “autoridad”, don Julio F. Guillén, marino y académico (al igual que el gran almirante don Pedro Zárate, nacido de la pluma de D. Arturo en “Hombres Buenos”) quien intentó, lamentablemente sin éxito por la magnitud del empeño, lo que Enric pide al Sr. Pérez Reverte: publicar un Diccionario marinero.

En su discurso de ingreso en la RAE, en junio de 1963 (¡ya ha llovido!), que versaba sobre “El lenguaje marinero”, y cuya lectura recomiendo; reflexiona, en mi opinión de forma muy acertada, sobre el tema. Extraigo varios pasajes:

“Esto me lleva de la mano a abordar el tema de los neologismos, casi siempre barbarismos, por contra frecuentemente innecesarios, que envilecen nuestro vocabulario restándole una de sus más preciosas características, que es la precisión, y cuya adopción benévola tiene insospechado amparo en la literatura oficial, dispuesta a aceptar, con frivolidad inexplicable, voces cuyo origen sólo tiene por causa la ignorancia del traductor.

Más educación y menos vaguería

Cierto que el idioma no se cuece en el crisol de vuestro emblema, ni evoluciona tan sólo en el laboratorio de la Academia; pero no es menos cierto que las epidemias y los malos modos, aun cuando nazcan en la calle y en sus gentes, hay que atajarlos con tiento y eficacia, que no excluye la mano fuerte si es preciso.”

Aquí le salió el espíritu militar…

“Bienvenido al lenguaje el neologismo y aun el barbarismo nacido con necesidad y cuna honesta; lleno está el nuestro marinero de voces cuyo origen reside fuera de nuestras fronteras secas y de mar; con ellas se fue enriqueciendo nuestra habla”

¡Claro que sí, el idioma es algo vivo y no debe renunciar a aportaciones externas!

“Pero ante la desgana por lo nuestro y el regusto actual por lo extraño, es preciso actuar con urgente profilaxis que remedie el mal; porque si siempre el barbarismo es condenable, es mucho peor si sustituye, más que a una voz ya existente, a varias que no son sinónimas, porque, en realidad, calibran distintos matices de aquélla.

¡Ay, esta (in)cultura de lo fácil tan nuestra!

Bien está la evolución natural del idioma, pero debe remediarse su actual y creciente desorden, que desgasta, que no obedece a leyes semánticas ni filológicas, sino a una frívola anarquía inaceptable y fácil de remediar, que produce sonidos sin idea, cuando la palabra es idea encarnada en el sonido.”

¡Precioso: Idea encarnada en sonido!

“Cuando surgía la necesidad por algo nuevo sobraba conocimiento, posesión del lenguaje y buen recaudo de voces sin uso, pero no olvidadas”


“la maquinaria tampoco ensució notablemente, como ahora, nuestro idioma; al pan se le llamó pan y al vino, vino, mas no en inglés. Muy pocos neologismos y escasísimos barbarismos, bien asimilados, bastaron. No se rebuscaba en la gaveta de los cultismos y, como cuando se ideó el nombre de catalejos en lugar de telescopio, a la lámpara de señales se la llamó, casi amorosamente, cucuyo, que es la luciérnaga del Caribe, adoptando una palabra del ámbito hispánico, antes que importar Dios sabe qué absurdo anglicismo, porque las palabras tienen forma, pero además espíritu, y éste debemos de buscarlo entre lo muy nuestro”

O sea al chigre, chigre y al cabrestante, cabrestante, mas no winch


Pues eso, el que quiera repetir, todavía queda grog en la bodega
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