El pasado mes de julio realicé la travesía Santa Cruz de Tenerife , Funchal, Ceuta, San José, Altea. Resultó bastante "entretenida" y me he animado a escribir unas páginas convenientemente aderezadas para que no se indigesten. Ruego que me disculpéis las imprecisiones. Lo pondré en varias partes.
Primera parte: De Tenerife a Funchal.
Acabábamos de llenar el depósito de gasoil. Pedro había llamado desde el aeropuerto. Hacia una hora que le había mandado nuestra ubicación por wasap, estaría a punto de llegar. Apareció en el otro extremo del puerto, salí en su búsqueda pero no hizo falta porque me vio y se dirigió corriendo hacia nosotros.
Pedro, este es Jesús y esto es el Carallo, nuestra casa durante unos días. Jesús este es Pedro, al Carallo ya lo conoces. Le asigné a Pedro el camarote de estribor y subí a cubierta. Para ambos era su primera travesía en barco.
Pedro salió a cubierta armado con su palo de selfi. Jesús hizo lo mismo pero sin palo. Me enfrenté a ambos y les dije: En el barco, como en los aviones, durante las maniobras los moviles apagados. Se que en eso soy un maniático, pero la gente con un móvil o con un bote de crema protectora en la mano no sólo no ayudan sino que suelen estorbar mucho.
Puse en marcha el motor, y solté las amarras. Hice una virada en redondo por babor y por el canal 11 pedí permiso para atravesar el Puerto de Santa Cruz de Tenerife. El puerto estaba vacío salvo por la plataforma petrolífera. Esa imponente estructura flotante de color naranja debía llevar años allí. Mas allá en tierra, el auditorio. Una de tantas obras de Calatrava, imitación quiero y no puedo de la opera de Sidney.
Salimos a mar abierto y puse rumbo 30º N. La meteo daba un viento casi constante de 18 nudos del NNE. Tendríamos que ir a motor hasta que abandonásemos las aguas de Tenerife. Saqué la mayor para estabilizar el barco. Conforme avanzamos el aparente subía, veintidós nudos, veinticinco, treinta, treinta y dos, rachas de treinta y cinco. La mayor comenzó a guadrapear y la recogí.
Debía ser una perturbación local por efecto de las altas montañas de la isla. Había que alejarse de ella y caí a estribor. El viento arrancaba borregos del mar y lo tiñó de blanco. Pedro y Jesús probaron los primero rociones. Soportamos estoicamente el ventarrón hasta que al fin libres de la influencia de la isla el viento se estabilizo. Entonces viré a babor para poner rumbo a Funchal. Teníamos 260 millas por delante.
Tres meses antes, justo antes de que se declarase la pandemia ya intentamos hacer esta travesía. Entonces los tripulantes eramos Jesús Montes, Jorge y José Antonio Sanchez y yo. Todos experimentados marineros. Nos pasó exactamente lo mismo pero después de dos horas de dura navegación abortamos el viaje porque pensamos que todo el camino seria así. Quizás el error es que salimos de noche. En la noche las cosas se ven mas oscuras y no tuvimos suficiente tesón para dejar atrás esta perturbación local.
Íbamos ciñendo a rabiar, navegando a mas de 7 nudos y con el barco escorado. Sin olas iríamos seguramente a 8 o nueve nudos. El cielo estaba cubierto por nubes a unos 500 metros. La bruma cubría la costa norte de Tenerife. Que pena. Me hubiese gustado tomar una foto de la isla con el Teide dominando.
Ya era hora de comer, pero no tenia el cuerpo para cocinar. Bocadillos de embutidos, queso majorero y fruta fueron suficiente. Pedro se metió a dormir, según el no había dormido nada la noche anterior.
Sacamos los aparejos de pesca y pusimos dos cañas con rapalas. Jesús se quedo atento mientra yo me tumbaba en la bañera. Esa noche no dormiría mucho precisamente, me convenía descansar. Se estaba poniendo el Sol cuando una de las cañas comenzó a sonar. Recuperamos una hermosa Llampuga de 2,5 kg. Quizás la mayor que había pescado nunca. La limpie y la guarde en el frigorífico.
Pedro salio a cubierta, Entre el y Jesús las latas de cerveza empezaron a desfilar rápidamente desde el frigorífico a la basura. Me había equivocado con el calculo de provisiones!!! Cenamos patatas con chorizo que cociné sin problemas a pesar de la escora. Pensé que había hecho para dos días pero solo sobró una ración que Pedro se desayuno sin calentar.
Cuando cayó la noche el cielo estaba totalmente cerrado y no se veía ninguna estrella. Tampoco la Luna. Nuestro universo se reducía a los diez metros a la redonda que iluminaban las luces de navegación alrededor del barco. Nada que ver con esas noches estrelladas que a menudo disfrutaba en el Mediterráneo. Hacía fresco y me puse el traje de aguas para pasar la noche. Quite un poco de trapo para evitar que alguna racha nos diese algún susto.
A las tres de la mañana subió Pedro y Jesús bajó a dormir. Estaba en camiseta.
Ponte algo de abrigo y un chaquetón para el agua. Le dije.
No tengo, contestó.
Joder!!!! te mandé una lista con las cosas necesarias y me dijiste que tenias de todo...
Siii, pero mira... termine de trabajar a las diez de la noche.. mi churri me dijo que fuese a su casa a despedirme de ella y me he pasado toda la noche con ella. Ya sabes.... Luego me he tenido que levantar a las seis para coger el avión... lo siento... no me ha dado tiempo...
Y saco de dormir?
Pues tampoco. Contestó.
Y como te tapas?
Con la funda del colchón.
Sois la hostia!! Jesús tampoco ha traído chaquetón y le he dejado uno que había aquí, pídeselo. En cuanto al saco, mañana te dejo algo para que te tapes porque la funda no es para eso.
Cuando unas semanas atrás anuncie la travesía, varios amigos con experiencia se mostraron encantados de compartirla conmigo. Cuando llegó la hora de la verdad todos se rajaron salvo Pedro y Jesús.
Pedro nacido en Polonia hace 39 años, lleva 20 años trabajando como albañil en España. Dice que ya no quiere saber nada de Polonia. Serio, meticuloso y buen trabajador, comenzó haciendo unas chapucillas en mi casa y a estas alturas ya ha hecho reformas en casas de todos mis conocidos. Es deportista de riesgo y sin una gota de pereza, pero vive al día.
Cuando se enteró de que iba a hacer este viaje me insitió incorporarse porque, según el, era la única oportunidad que iba a tener de hacer algo así. No sabía nada de navegación y esta era la primera vez que se montaba en un barco, cosas que compensaba con su fuerza y su resistencia física, aunque su sentido del humor era mas bien frio. Confiaba tanto en el que incluso solo con el hubiese hecho la travesía.
A Jesús lo conozco desde hace más de 15 años. Mecánico de aviones, piloto de avioneta, radioaficionado. Varias veces he ido a buscar trufas con el y varias me ha invitado a volar. Generoso, cariñoso, dicharachero y borrachín. Solo contaba con el para hacer compañía y para las guardias ya que su forma física deja bastante que desear.
Jesús no me había dicho toda la verdad. Si, había traído chaquetón, un chaquetón amarillo que le daba vergüenza ponérselo porque decía: Ayuntamiento de Ciudad Real . Servicio de limpiezas.
Pá descojonarse.....
Recibí con alivio las primeras luces del este. El viento había rolado ligeramente al norte. Corregí el rumbo y solté trapo para recuperar la velocidad. Ya estábamos a la mitad del trayecto aunque estaba claro que tendríamos que hacer un bordo y eso nos haría perder tiempo y ya era imposible llegar a Funchal sin tener que pasar otra noche navegando.
Siguiendo los buenos consejos de Mi amiga Carmen comencé a instruir a la tripulación en el manejo de barco. Primero explicando el piloto automático, el equipo de viento, el ploter y el AIS (Sistema Automático de Identificación de barcos). La puesta en marcha del motor que encendíamos cada seis horas para mantener cargadas las baterías. Después las partes del barco. Los nombres de las velas, los cabos también. Los nudos.
Pedro manifestaba una auténtica aversión a dejarse enseñar, llegó incluso a decirme: Yo aprendo por mi cuenta!! no necesito que me enseñen. Ante tal muestra de narcisismo, baje mi interés y tan solo fue al final del trayecto cuando aprendió que esa cosa con que se había golpeado varias veces la cabeza se llamaba botavara. Sin embargo estaba siempre dispuesto a ejecutar de buena gana y con prontitud las órdenes que se le daban.
Jesús, mas pícaro, callaba y durante toda la travesía haría gala de su lema: Si te mandan hacer algo, hazlo mal. Así no volverán a intentarlo.
Comimos llampuga a la plancha y ensalada. Lastima que olvidase comprar ajos en Tenerife. A media tarde volvió a sonar una de las cañas. Pedro sacó una llampuga un poco mas pequeña pero interesante. Asió su palo de selfi y se hizo media docena de fotos. Llegué a pensar que la iba a adoptar. Al final terminó en el frigorífico.
La pantalla del AIS estaba desierta, ningún barco en cincuenta millas a la redonda. La radio también había enmudecido. El día anterior, cuando estábamos a menos de 60 millas de Tenerife oíamos muchos PAN PAN por pateras y por un accidente en el sur de Tenerife, pero ahora ni siquiera escuchábamos los partes de Meteo. Me extrañó que estando a menos de 80 millas de Funchal no recibiésemos las emisoras portuguesas.
Cenamos una sopa contundente. Un brick de sopa de puchero Aneto, cuatro huevos duros, 150 grs de jamón picado, y un buen puñado de fideos para que la cuchara se mantuviese vertical. Jesús, que decía que su boca era una cueva oscura con tres banquetas aplaudió el menú. Pedro aplaudió que pudiese repetir dos veces. La primera botella de whisky dio síntomas de agotamiento. Otras dos botellas de vino hacia rato que habían pasado a mejor vida.
Ahora estábamos a 35 millas de Funchal. El mar se había endurecido, el viento había subido y para llegar a nuestro destino tenia que enfrentarme directamente a las olas. Puse motor. Pedro como una maquina recogió el genova. Entre los dos recogimos la mayor. Jesús se quitó de en medio para no estorbar. Quité el piloto automático dispuesto a negociar con las olas. El mar estaba duro, muy duro. El viento subió hasta los treinta nudos y de cuando en cuando un pantocazo me hacia temblar las piernas.
Aparecieron las primeras luces de la isla. A 10 millas, el viento y las olas empezaron a flaquear. Las luces de Funchal se expandieron por el horizonte como si estuviésemos viendo un película en 3D. Baje la capota antirociones para poder ver mejor la maniobra de aproximación. Entonce vi que el obenque bajo de babor estaba casi roto a la altura del tensor. Me aproximé para verlo con detenimiento y empece a sudar frio. De los 19 cables de acero que lo forman se habían roto la mitad. Si se hubiesen roto todos hubiese sido un total desastre con una posible caída del palo. Un accidente grave, grave, grave. La suerte es que no había ocurrido y estábamos casi en puerto para hacer la reparación, pero no me explicaba la causa.
Avistamos la roja y verde del puerto. En la bocana algunos veleros fondeados. ¿A ver si no hay sitio pensé? Como sea así es una putada, aunque puedo esgrimir la avería para forzar a que me den amarre. A babor está el puerto para los barcos grandes, para el ferry a Porto Santo y los
cruceros que frecuentan la isla. Aquí también había algún velero fondeado. A estribor tras una pequeña entrada, el puerto deportivo mas pequeño y abarrotado. En la entrada una pequeña torre de control y bajo ella el muelle de espera al cual me amuré. Pedro bajó y me lanzo los cabos. Amarré el barco y apague el motor. Eran las seis de la mañana. Habíamos llegado a Funchal
Cuarentena.
Bajé a tierra para buscar un marinero. No hizo falta. Por el muelle venía corriendo uno vociferando seguido por dos policías que se sujetaban con una mano la pistola y con la otra la gorra. Se quedaron a unos cinco metros de mi. El marinero subió a la torre y abrió una ventanilla. Desde ella me hablaba en portugués y yo le contestaba en español.
Primero me riñó por no haber avisado por radio.
Yo le esgrimía la avería y mi imposibilidad de navegar.
El me pedía un certificado de estar libre de COVID.
Yo le decía que las fronteras con Portugal estaba abiertas.
El me hablaba de las autoridades sanitarias.
Yo de la necesidad de reparar el barco.
Resumen: tenía que salir del puerto, fondear en la bocana y esperar que las autoridades sanitarias me autorizasen a pasar. Puse el motor en marcha solté amarras y pasé a formar parte del club de barcos fondeados a la entrada. El misterio se había resuelto.
Fondeé lo más cerca de la entrada que pude para que no se olvidasen de mí. Puse la radio en el canal 9 por si había novedades. Paré el motor. Me metí en el camarote y me puse a dormir.
A las 10 me despertó la radio. El patrón del Twins, un catamarán de 40 pies de bandera española preguntaba por la situación. El marinero le soltaba la misma cantinela. Autoridades sanitarias, policía marítima. Esperar. El patrón volvía a insistir. Llevaban 24 horas esperando. El marinero con paciencia infinita volvía a repetir.
A las dos le tocó dar la tabarra al patrón del Jerez, un monocasco de 40 pies. La secuencia fue exactamente la misma. Resultado esperar. Los otros 5 o seis barcos de diversas banderas que nos rodeaban parecían no preocuparse mucho.
A las seis llegó un velero de unos 45 pies y bandera inglesa. El patrón mirándonos por encima del hombro enfilo con decisión a la bocana sintiéndose el señor de los mares. Veinte pares de ojos le siguieron expectantes. Contuvimos la respiración hasta que le vimos dar atrás con cara de mala leche. Quiso fondear justo delante de mi, pero le hice gestos para que no lo intentase. Lo volvió a intentar delante del Jerez y le paso lo mismo.
A las siete, de nuevo el patrón del Twins tomo la iniciativa. Se habían quedado sin comida y necesitaban víveres. No coló. El marinero le facilitó el teléfono de un supermercado que le llevaría la comida en una auxiliar hasta el barco.
Por radio nos comunicaron que debíamos enviar a la dirección de la Policía Marítima de Funchal copias de la hoja de asiento del barco y de las identificaciones de los tripulantes. Bueno... algo parecía moverse. Una hora después ya habíamos perdido la esperanza de entrar esa noche. No obstante donde estábamos, no nos podíamos quejar, protegidos de las olas y con una temperatura deliciosa. Tan solo un meneito cada vez que salía o entraba el ferry de Porto Santo.
El puerto de Funchal está en el mismo centro de la ciudad y desde nuestra posición a pocos metros del muella podíamos ver a la gente tomando cerveza en los chiringuitos del Paseo Marítimo, o en las terrazas de los restaurantes con vistas al mar. Nosotros solo podíamos hacer planes: allí tomaremos una cerveza. O tres !! decía Pedro. Ese restaurante tiene buena pinta. ... Tendrán bacalao?, se preguntaba Jesús.
A Pedro se le salían los ojos de las orbitas cada vez que una chica guapa se aproximaba al muelle y nos miraba. Ya estaba dispuesto a llegar a nado hasta el paseo. Había metido su ropa en unas bolsas de plástico y se iba a tirar al agua en calzonzillos. Le argumenté que el patrón del barco era yo y que hasta que legalmente nos dejasen bajar era responsabilidad mía y desistió.
Amaneció un domingo soleado con brisa y temperatura suaves. El aire estaba libre de brumas y desde el barco veíamos las casitas de Funchal tapizando toda la falda de la montaña. A lo lejos se apreciaban los cables del teleférico que lleva a la parte alta de la ciudad y al jardín botánico. Ocho años atrás había visitado Madeira con Carmen. Era navidad y las temperaturas eran mas bajas pero disfrute igualmente de la estancia. La isla estaba plagada de flores de pascua rojas y verdes y luces navideñas.
La ronda de consultas la abrió el patrón del Twins que sin duda era el mas peleón de todos. Llamó por radio y soltó los mismos argumentos. Que las fronteras con Portugal estaban abiertas etc etc. El marinero con una calma infinita también soltó el mismo mensaje. Autoridades sanitarias y test COVID.
Hubo una novedad. Dijo que nos iban a realizar el test, pero no sabía cuando, porque las Autoridades Sanitarias no tenían suficiente personal para atender a los viajeros del aeropuerto y a nosotros. Al patrón del Twins le preocupaba que de hacerse quién iba a pagar las pruebas.
Llame por radio y en español invite a todos los patrones de bandera española a pasar al canal 10. Después de presentarnos les comunique que en Madeira hay un cónsul de España. Pasé el teléfono y la dirección e invite a que cada uno de nosotros le urgiese a interceder por nuestro caso.
De algo debió de servir, porque a media tarde apareció una ambulancia en el puerto con las luces parpadeantes. Unos minutos después comenzaron a llamar barco por barco, nosotros fuimos los terceros. Nos amuramos al muelle de espera y bajo la atenta mirada de la policía nos desplazamos hasta un punto que habían señalado. Un técnico sanitario ataviado con un traje de protección nos introdujo un bastoncillo por cada orificio de la nariz y otro rozando las amígdalas. No era agradable pero hubiese permitido que lo hiciesen 10 veces con tal de bajar a tierra. Después volvimos a nuestro fondeaderos habituales.
A las nueve de la noche ya habíamos perdido toda esperanza de bajar a tierra en ese día. Para celebrarlo y ya que el barco no se movía nos cenamos unos huevos fritos con jamón. El problema era que el nivel de las cervezas había llegado a cero, que se había acabado el whisky y que el puñetero de Jesús después de terminar con la de Larios había encontrado una botella de 69 Broses, regalo de Nuria, que tenía escondida.
Me despertó el balanceo que produjo el ferry de Porto Santo al salir. Eran las 10. El patrón del Jerez llamó a puerto, pregunto por noticias y le volvieron a soltar la letanía. En ese caso, dijo me vuelvo a Canarias. Se me esta acabando el tiempo y no puedo permanecer mas aquí.
Estábamos empezando a perder la paciencia.
Al poco el patrón del Twins, con un tono cada vez más irritado preguntó lo mismo. Pero añadió que uno de sus tripulantes se había hecho un corte en la frente y necesitaba atención médica. Tampoco coló y aunque era verdad la herida no revestía ningún problema.
A las 12 me toco a mi. En este caso pedí que me dejasen entra a repostar porque me había quedado sin gasoil. Era domingo y los domingos la gasolinera estaba cerrada. Me salió el tiro por la culata.
Diez minutos después llamaron al patrón del Twins. Las pruebas del COVID habían dado negativas y podía pasar. A continuación me llamaron a mi. Negativo. Bien!! Traté de comunicarme con el patrón del Jerez. Si me oía tal vez le hubiese interesado dar la vuelta pero debía estar lejos y no me recibía. A un barco de bandera belga le dieron las pruebas positivas y le ordenaron permanecer en cuarentena.
Al fin entrábamos en Funchal!!!
Cantinuara....

