Artículo de Miguel Anxo Murado:
https://www.lavozdegalicia.es/notici...0E11P56991.htm
ALMAS MARINAS
Antiguamente, cuando un oso polar actuaba de una manera que parecía humana, los esquimales de Groenlandia pensaban, con cierta lógica, que no podía tratarse sino de un humano mágicamente transformado. También los pescadores de Islandia creían hasta no hace mucho que las focas eran, en realidad, los egipcios que se habían ahogado en el Mar Rojo, cuando se abrieron las aguas y se volvieron a cerrar. Y es cierto que la manera como las focas asoman la cabeza del agua y se quedan mirando con los ojos llorosos hace pensar en un alma humana penando. Ya hablábamos aquí la semana pasada de los loros, de cómo producen cierta inquietud cuando parece que hablan como humanos roncos. Y he vuelto a pensar sobre esto esta semana, a raíz de esas famosas orcas que han estado interactuando con los veleros frente a la costa gallega.
Al principio, los científicos se limitaban a insistir en que no usásemos la expresión «ataques» (por eso, dócil, digo yo lo de interactuando). Según la ciencia actual, la orca no ataca al ser humano. Esto dejaba en el aire la cuestión de por qué estas orcas, en concreto, interactúan de una manera que, a los que somos legos, se nos parece tantísimo a un ataque. Pero para esto los científicos reconocían no tener respuesta. Hasta que, al final, la cosa ha acabado donde acaba casi todo lo que es evidente pero no tiene una explicación racional: en el mito. Se ha comprobado que estas orcas conflictivas tienen cicatrices en sus cuerpos, y ahora los expertos se imaginan que esas heridas se las hizo algún barco y de ahí el rencor de las orcas con los timones de los veleros. Es decir, Moby Dick.
No sé si será muy científica esa explicación, pero me gusta por lo que tiene de literaria. Creo, incluso, que podríamos llevarla más lejos y sospechar que esas orcas no son orcas en realidad. Cuando se decía que los incidentes habían comenzado en la zona del Cabo de Trafalgar, reconozco que fantaseé con que se tratase de los espíritus de los marinos que retrató Galdós, que está de aniversario (por ejemplo, aquel Marcial de la novela «que se ahogó cien veces, y cien veces se ha salvado»). Para la costa gallega podría ser la tripulación de los galeones de Rande, que inspeccionó en el fondo de la ría el mismísimo Capitán Nemo, o los guardiamarinas del infeliz buque-escuela HMS Serpent, que se fue a pique frente a Costa da Morte, o los submarinistas alemanes de los treinta sumergibles de la Kriegsmarine que yacen en el fondo marino gallego desde la Segunda Guerra Mundial… Pero, como se trata de encontrar a alguien con un rencor profundo, se me ha venido a la cabeza Harry Paye. O, como le llamaban por el siglo XIV, «el pirata Arripaye».
Quizás haya sido Arripaye el mayor antagonista que tuvo la costa gallega, o así ha quedado para la leyenda. Su barco, el Mary, estaba dedicado al transporte de peregrinos que iban a Santiago, pero él cambió el turismo por la piratería (toda una advertencia para el Patronato del Xacobeo). Odiaba tanto Galicia y Asturias que incendió Gijón y se llevó el crucifijo de la iglesia de Santa María de Fisterra, y en represalia por estas interactuaciones una armada franco-española arrasó su puerto natal de Poole, cuyo escudo de armas luce precisamente la vieira del Apóstol. Así que es un buen candidato. Si es él, «el Guardian de los Cinco Puertos», se le conocerá porque las orcas hablarán como en Dorset, donde pronuncian a «t» con una parada glotal. Y por su lamento; porque dice la leyenda, para que nada le falte, que todo su rencor le venía de que estaba enamorado de una condesa asturiana llamada Isabel. Habrá que fijarse.