El padre que lleva al hijo a una audición de violín para entrar a tocar en la orquesta municipal. El hijo toca fatal, desafina tremendamente, el auditor que examina al niño alucinando de lo mal que toca el crío. El padre, orgulloso del hijo, sin idea ni gusto en absoluto por la música y menos por el violín, cuando el hijo termina de
interpretar la pieza, con todo su orgullo e intentando aparentar estar en el mundillo de la música, le espeta al auditor:
- ¿Qué opina de la ejecución?
A lo que el auditor le responde:
- Hombre, el niño toca mal de cojones, pero tanto como para matarlo...
