Buenas,
Esta ha sido nuestra primera participación en La Petrolera y esperamos que no sea la última. Nuestras expectativas se han visto sobradamente cumplidas. Si dais un vistazo a la clasificación no es para sentirse muy orgulloso que digamos con la regata que hemos hecho pero, teniendo en cuenta que casi un 30% de la flota se ha retirado por unos u otros motivos, creo que podemos estar más que satisfechos con sólo haberla terminado sin ningún percance y ¡siendo los primeros de entre los barcos del CN Premià (shshshsh, que no nos oiga nadie, pero éramos los únicos)

!.
Para empezar, la señal de último minuto ya nos cogió muy lejos de la línea de salida. Al poco rato de pasarla y de coger el bordo de mar, nos quedamos sin viento, por lo que decidimos hacer un bordo hacia adentro con la esperanza que soplara algo más. A la vista de que no ganábamos barlovento (no perdíamos de vista el puerto de Garraf ni a tiros), volvimos a probar suerte virando hacia tierra. Fue llegando a la altura de Salou, faltando unas 20-25 millas más a menos para llegar a la plataforma, cuando comenzó a entrar el esperado mistral que los partes predecían de fuerza 5-7. Primero, entrando de 12 a 15 nudos y arreciendo poco después a 20-25 nudos sostenidos con alguna racha de hasta 27-30. Pusimos rumbo directo a la petrolera con el viento a un descuartelar. Al principio, ante la tendencia clara de que el viento arreciaría, rizamos (mejor dicho, enrollamos algo) la mayor y el génova. En estas condiciones, el barco se comportaba fantásticamente bien y gobernamos el barco sin ningún esfuerzo a una velocidad de 7’5 nudos con alguna punta de 8’5 nudos. Ante todo, la seguridad. Fue este tramo de la regata en el que mejor nos lo pasamos, eso sí, con la prudencia de ir uno a la rueda y el otro con la escota de mayor en la mano para largarla por si entraba alguna racha más fuerte de lo normal que pudiera provocar irnos de orzada. El sueño comenzaba a pasar factura (la barriga la teníamos perjudicada desde hacía horas por unas barritas energéticas que nos sentaron como una patada en los güevos), pero contentos de que el barco se le notaba “alegre” (ya sabéis a que me refiero), que lo podíamos dominar sin problemas y seguros de que la regata la terminaríamos sin problemas de tiempo. A eso de las 3 de la mañana pasamos la superboya de la plataforma (esta sí que se ve bien y no las hinchables

) por detrás del Anduriña y delante del Albi Cuatro.
A partir de entonces, creo que nos equivocamos de estrategia al no coger decididamente el bordo de tierra. A medida que pasaban las horas mantuvimos una buena velocidad pero fue disminuyendo hasta faltar unas 15 millas (mar adentro) para llegar a Garraf. Estuvimos cerca de 7 horas para hacerlas. De 2 a 3 nudos de velocidad, casi encalmados y sin una vela para portantes que buena falta hacía, y Garraf que lo veíamos pero que no llegaba nunca

. Al final llegamos, cuando todos los demás estaban haciendo la siesta. ¡No hace falta deciros que los huevos fritos con beicon del desayuno del sábado no los vimos ni en pintura! (por cierto, ¿quién se comió nuestra ración?).
La organización estuvo a la altura, aunque una rueda o control de situación de los participantes cada cierto tiempo no se hubiera echado de menos. La comida y la fiesta del domingo, un 10, y mi compañero de fatigas más contento que unas pascuas con el regalo que nos tocó en el sorteo: un detector de gas que le hacía falta a su Mamoku.
Una mención especial para David, el co-patrón del Samantha en esta regata, quien me ha demostrado que además de ser una persona cojonuda es un gran navegante. La verdad que ha sido un privilegio tenerlo a bordo.
Saludos y hasta la próxima Petrolera.