Había un hombre muy de pueblo. Nunca había ido a ver un médico. Este señor llevaba unos días sin poder ir al baño y le dolía horriblemente la tripa, por lo que la mujer lo convence para ir al médico, pese a sus reticencias.
El hombre pasa a la consulta. El doctor lo diagnostica y le receta unos laxantes en supositorios.
El hombre sale de la consulta con la receta en la mano. La mujer le espera en la sala de espera y le pregunta:
- ¿Qué te dijo el doctor?
- Me ha dado esta receta.
- ¿Y qué es?
- Dice que unos laxantes.
- ¿Y cómo lo has de tomar?
- Pues no sé, ya veremos.
- Anda, vuelve dentro y se lo preguntas.
- Que no María, que se va a enfadar el doctor...
- No, no, no, tu vuelves a entrar y se lo preguntas.
El hombre vuelve a entrar en la consulta:
- Oiga doctor, ¿y esto de los laxantes como es?
- Pues son de administración por vía rectal.
- Ah... gracias.
Vuelve a salir y le pregunta la mujer:
- ¿Qué te dijo?
- Que son por vía rectal.
- ¿Y eso que quiere decir?
- Pues no sé, ya veremos.
- No, no, no, vuelves dentro y se lo preguntas.
- María, que se va a enfadar...
- Que no, que vuelvas a entrar y se lo preguntas.
El hombre cede y vuelve a entrar:
- Doctor, que no lo tengo claro, ¿cómo va esta medicina?
- Esto son supositorios.
- Ah, vale.
Sale de la consulta. Ni el marido ni la mujer sabían lo que era un supositorio.
- ¿Y qué te ha dicho?
- Que son supositorios.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Pues no lo sé, ya lo veremos cuando nos lo den.
- Que no, que no, que hasta que no lo tengamos claro, no vamos a comprarlo, que estas cosas hay que saberlas bien.
- Maria, que el doctor se va a enfadar, que se va a pensar que somos tontos.
- No, no, no, tu vuelves a entrar y lo preguntas.
Vuelve a entrar el señor:
- Oiga doctor, que no me queda claro esto de los supositorios...
- Que tiene que metérselos por el culo.
Sale el marido de la consulta. Le increpa la mujer:
- ¿Y qué te dijo?
- Ya te dije María, que se iba a enfadar...
