Brindo por todos vosotros y, permitidme, en especial por mis padres.
Yo siempre me he considerado un privilegiado. Mis padres me introdujeron y permitieron disfrutar en mi infancia y juventud de infinidad de aficiones, deportes, hobbies y actividades.
De todas ellas, no se la razón, he continuado sobre todo, con dos: El esquí y la vela. Podría haberme aficionado al running, pero no, lo hice al esquí y a la vela.
En el esquí, antes de ponerte a esquiar tienes que lidiar con algunos elementos: palizón en coche, gasolina, guantes, gafas, esquís, porta esquís, bastones, botas (una experiencia ponérselas), gorro, anoraks, hotel o apartamento, comidas, madrugón, forfaits, seguro, frío, lluvia, nieve, cadenas (con ventisca dura horizontal y grano fino, es otra experiencia). Una vez arriba y sólo arriba... papá!... no encuentro un guante! (Parienta: pues el niño no puede ir sin guante...), Papá, creo que he perdido el forfait!. En fin.... Así multiplicadlo por toda la tropa y con las oportunas tarifas alpinas.
En cuanto al mar, a la vela, no os voy a contar nada que no sepáis. Aquí la lista es muuuucho más larga. Interminable. Eso sí, con tarifa marina en vez de alpina. Insuperable. Barco, títulos, papeles mil, seguro, amarre, drizas, escotas, velas, motor (uyyy el motor), antifouling, electrónica, baterías, uyyy cómo pega el sol: bimini, escaleras, pescantes, poleas, etc, etc, etc.....pues parece que la génova no enrolla bien..., ¿has cogido los hielos?, papá me mareo! (Parienta: llévanos a puerto, me quiero bajar!) y como no, por supuesto, los días de verdadero acojono. Yo soy un tío duro, pero j... que mal se pasa. Acojona y mucho!
Podría haberme aficionado al yoga, al pimpón o al balón. Pero no, lo hice al esquí y a la vela.
Acudo a la sabiduría infinita de este foro. A piratas, aprendices, almirantas, capitanes y grumetes....
¿Que tendrá el mar, que nos engancha tanto?

