Penosas algunas actitudes. Se trata de barcos y navegar, una iniciativa que en el fondo es un reencuentro con una forma clásica de situarse sobre el mar. Solo eso. El término “regata” carece aquí de trascendencia, no se trata de un lance entre boyas. Es otra cosa. Aferrarnos a la gramática y la etimología para desvirtuar los méritos de otros nos pone a la altura de algunos políticos. Pura miopía náutica. En fin, el “yo de aquí no me muevo” que suele caracterizar a algunos aguafiestas. Irritante la testarudez de algún que otro navegante de salón aferrado a la burocracia regatera. Dicho esto sin acritud. Muchas millas llevamos todos encima, se supone.
Unas birras para pasar el mal trago.
