Sebastien Destremau merece un homenaje de fin de año. Nos enseña el barco con los restos de la toldilla de cartón, la mayor hecha polvo, los problemas de gobierno, de piloto automatico, sus andanzas en círculo, la preocupación por el director de regata, la soledad, está muy lejos ya de cualquier competidor y por eso nos enseña la última puesta de sol del 2020 hoy va a estar muy nublado.
Bendito Destremeau, ha logrado que su Vendee sea una aventura casi literaria y graciosa, no se si va a poder acabarla.