Esté verano, navegando pasado Luarca camino de Ribadeo, con viento fuerte y mar formado, tuve la mala fortuna de romper el estay, pero tuve la buena fortuna de llevar un mástil pasante. Digo esto, porque con la vela flameando y el barco dando bandazos en las olas, el tiempo que tardamos en poner una driza de respeto sustituyendo al estay roto, dudo que un mástil sobre cubierta hubiese aguantado sin venirse abajo. Luego pude navegar con una segunda driza de respeto, primero hasta Ribadeo y en dos etapas más hasta Sada.
Cuando compré el barco de segunda mano, me dijeron que un mástil pasante siempre deja pasar agua, el mío deja pasar algo, no mucha. Pero indudablemente se pueden minimizar el problema.


