Los seguros, en tierra, mar y aire son la misma cosa: se determina cuanto se puede el riesgo y se le pone un precio. En la mar, una de las delimitaciones de ese riesgo es la distancia a un refugio, pero no es la única, sino como en todos los ámbitos, una de muchas, muchísimas. Se trata, en teoría, de que los domingueros de vuelta por la bahía no paguen como si le dieran la vuelta al mundo con un 22 pies y el PER. El riesgo no es el mismo, si he sido capaz de forzar bien la hipérbole. Y que conste que no defiendo compañías de seguros, sino al contrato de seguro, que es cosa bien distinta.


