Con la cantidad de remedios astringentes que hay, lo que parece un milagro es que se pueda cagar!
Me he acordado de que el de la farmacia que cuenta Rolo le dió, otro día, un laxante a un tipo que tenía tos. El farmacéutico salió corriendo también y se lo encontró agarrado a la misma farola que Don Pancracio. Sudando de angustia, el pobre. El farmacéutico le preguntó: ¿Ya no tose? y el otro respondió. No. No me atrevo!
