Otra tarde de pesca, lluvia fina y tinta podría ser el título. El miedo a que nos encieren hace que se aproveche cualquier hora libre, para hacer acopio, o mejor dicho para regalar tal manjar a los allegados y amigos como he hecho con las últimas salidas.
De paso he puesto mi granito de arena en la limpieza de la ría, la cual hoy, aparte de obsequiarme con alguno de sus cefalópodos, me ha arrebatado el señuelo que mejor me ha funcionado este año. Cada salida en zonas distintas o nuevas para no quemar y probar.
La red, como veréis en las fotos, servía de refugio a numerosos alevines de muchas de las variedades vivientes en nuestros fondos, los cuales devolví al agua la gran mayoría.
Como anécdota, el simpático y valiente choquito que se lanzó a por la muestra que lo doblaba en tamaño. Al devolverlo a la vida se despidió con un chorro de tinta como es habitual.








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