Si no conoces un barco, debes anticiparte más. Si vas a un charter, no te olvides lo que dice Caribdis, monstruo succionador, y espabila, los barcos nuevos no son madres, por más que lo parezcan. El plan de reducción de trapo y dónde está el equipo de seguridad deben estar claros desde el pantalán. Juanitu desarrolló un esquema de charla de seguridad que debería fijarse en bronce en los charter (o en los nuevos); en los propios, plastificarse.
Si vas a probar un barco, nuevo o desconocido (charter), llévate al menos un par de manos más en las que puedas confiar. Cuando lo hagas conocido, ya podrás navegar solo o acompañado de pasajeros.
Quitar estorbos en cubierta es quitar peligro. Abajo, puede que poten, pero sólo deben volver al aire cuando todo esté bajo control.
Los enrolladores deberían llamarse desenrolladores porque esa es la función que mejor realizan, y como dice Edu, a veces incluso ahí te engañan. En el pantalán y con el que los conoce, parecen ir hasta a la voz, dando una falsa sensación de seguridad ("no hay que ir a la proa"), pero cuando de verdad sopla tienden a hacerte la vida imposible.
Por todo ello, el mejor barco siempre es tu barco de bastantes millas. El que te avisa que llevas mucho trapo a proa o a popa. En el que estás hasta más ágil y más fuerte. Porque hasta los cabos parecen ir a tu mano. En los otros, extrema la prudencia, aunque sean maravillosos, o lo parezcan.
Y luego reza a todos los dioses, propios y ajenos, como los marineros que echaron a Jonás por la borda, porque la suerte de que nuestros errores no sean lo suficientemente grandes es lo que hace los finales felices.


