En esta tierra que con tanto cariño me ha adoptado la calima hace cerámica con los enrolladores. Caen cuatro gotas, o el rocio nocturno, y te llena la cubierta de un marrón clarito, las mujeres le dirán beige, o crudo, y dicen bien porque se te pone crudo quitarlo de la cubierta y te olvidas (o haces que te olvidas) que allá arriba el girolín del enrollador ha recibido lo mismo, el tambor quizá lo rieges. Luego llega el sol que vendemos y te hace un cenicero allá, donde tanta pereza da subir. El resultado el que contáis: malo para el prestigio del patrón y caras, vaya caras, de la tripuAlmiranta. Por eso, además de otras razones, voy con garruchos.


