En mi primer barco, un velero de 6 metros y medio con fueraborda en un soporte de altura ajustable no se me ocurrió más que intentar cambiar la altura cuando estaba en el mar con la mala suerte de que se me quedó el dedo aprisionado entre el asa que tenía y no sé que otra parte del motor.
Lo peor no es el dolor sino que piensas que como no te puedas librar, a ver que haces ahí sujeto.
Total que menos mal que pude librarme, pero hay que ser tonto. Esas cosas en el puerto!
