Cofrade Anboro.
Mis felicitaciones.
Una de las veces que más me ha impresionado estar solo en un barco, (por no decir acojonado) fue una noche sin luna en el fondeadero de Cabrera. No había más barcos. Fue a finales de abril.
Tras unos tragos

salí a tomar el aire y alcé la vista. En ese momento sentí una cadena de escalofríos cerveceros y otros no tan cerveceros, que me paralizaron de miedo y fascinación.
No estaba mirando las estrellas, no, éstas se veían nítidamente porque no había nubes ni contaminación lumínica alguna...
¡¡Eran las estrellas me estaban mirando a mí!!