Siempre que veo a alguien restaurar un barco antiguo recupero la ilusión. El Contessa 32 nunca será un barco viejo, sino una escuela, una escuela de vela y de vida. El acierto de un diseñador y un constructor. No todos los modelos que conocemos ahora perdurarán de esa manera. Enhorabuena, Tomás, por lograrlo y saber contarlo.
