Aunque a algunos les parezca una antigualla, no se puede negar que el Golif tiene carácter. Capacidad marinera la ha demostrado de sobra a lo largo de su historia. Bien de precio, es interesante que alguien quiera restaurar y conservar uno. La historia de cada uno de nosotros con su barco es, muchas veces, indescifrable. No todo es la reventa. A mi siempre me pareció un barco ideal para un proyecto así. No niego las virtudes del Somo, pero el Golif me recuerda a los pioneros de este tinglado, esa fibra de vidrio que, por primera vez, permitía formas caprichosas, ajenas a la madera. Tal vez porque en mi adolescencia había uno en el puerto y esas cosas no se olvidan. Ánimo, pues, con la compra, la pelea con la resina que conllevará y los quebraderos de cabeza. Enhorabuena si al final esa es tu decisión.
