Al final, la actitud menos conservacionista es la de permanecer sin hacer nada. Las dos especies, dignas las dos de ser respetadas, deben coexistir, sin dañar una a la otra y, para eso, hay que buscar soluciones que pasen, por una parte, por el máximo respeto y admiración a estos magníficos animales y, por la otra, hacer desistir al grupo implicado (de orcas), de sus ataques, juegos o aprendizaje, sobre nuestras embarcaciones.
No hay otra salida de este problema.


