Me pregunto: ¿os imagináis la losa que supone el trabajo de portero como para que, tras unas vacaciones, tenga pereza de regresar y enfrentarse al "trabajo atrasado" de regañinas pendientes?
Yo ya se lo he dicho por teléfono: quizás habría sido mejor haber delegado la portería en otro cofrade y, quizás, se sentiría más libre de regresar...
El gran portero honorífico Panxut tuvo mucha elegancia a la hora de dejar el cargo. Pero es que cada uno es como es.
En definitiva, creo que todos tenemos el derecho de irnos y volver cuando queramos. Un día entrará de nuevo -si es que no lo ha hecho ya-, con su identidad u otra. Y será bienvenido. Y, si no se presenta correctamente, ya le pasaremos por la quilla
Las puertas están abiertas. Él lo sabe. Si decide irse, tiene derecho. Si decide venir, también.
La taberna seguirá aquí, para él, para nosotros, para todos. Y seguirá estando por encima de las personas individuales que la formamos.
Por aquí ha habido cofrades que entraron con un objetivo concreto y, una vez logrado, desaparecieron. Que los vientos les sean favorables.
Mientras el cambio climático no haga desaparecer los océanos, mientras siga soplando el viento, mientras los veteranos sigan por aquí, ayudando de un modo altruista, y mientras el tabernero y su santísima

sigan manteniendo esto, la taberna seguirá adelante

con o sin portero.