Si pides señas, tiene el vellocino
pardo encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.
Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta, y verásle, si a mi choza viene,
que aún tienen sal las manos de su dueño.
Lope de Vega, del soneto 188
