Pues decididamente soltamos amarras a las 4 de la mañana, la nueva tripulante en pie sin rechistar, un rápido desayuno y abandonamos el puerto con una brisita terral y ola revuelta de poniente.
La luna menguante ilumina con fuerza todavía una mar que se nos antoja importante, no lejos, allá por las profundidades del mar de Alborán.
Al través de punta Sabinal, el terral está suficientemente establecido como para desplegar el foque y detener el motor. Aunque llevamos cogido el primer rizo, navegamos a siete nudos, superando la ola de dos metros que la mar de fondo nos trae por la amura de babor.
Amanece nuevamente en día claro, Polen timonea la barra del Bahía, bastante desconocida para lo acostumbrada a su Cachalote. A medida que levanta el sol, la brisa rola más a poniente, obligándonos de nuevo a remontar con la mecánica.
A bordo, las risas y el buen humor se ha visto gratamente incrementado por el talante saleroso de nuestra cofrade disfrutando de la navegada.
Pero el placer se torna un poco arduo a pocas millas de nuestro objetivo, el puerto de Motril, la ola confusa que nos va llegando de proa anuncia una anormal marejada con ola cruzada y confusa, en la lejanía penachos blancos, anuncian que el viento de 20 nudos que tenemos de proa parece una brisa ante lo que se nos avecina.
De entrada, varío el rumbo a Castel de Ferro, a sotavento del Cabo Sacratif protegiéndonos en lo posible del poniente, pero hemos de enfrentar bordear el cabo, tomamos el segundo rizo, anticipándonos a lo que está por venir y cuando salimos de la protección el anemómetro registran las primeras rachas de 30 nudos, rápidamente las olas crecen el viento en pocos minutos lo tenemos en 45, maniobramos las olas para evitarlas de frente pero se hace difícil por que tanto viento nos produce una escora, que pudiera ser nefasta para el motor.
Avanzamos capeando a casi 5 nudos, los 55 caballos del Volvo dan un rendimiento optimo, algunas rachas pasan de vez en cuando de los 50 y una punta ha alcanzado los 55, pero toda la travesía de cabo Sacratif se mantiene en los 45.
Dos horas intensas para superar las 10 millas que ya a rumbo directo nos permite arrumbar al puerto de Motril.
El Bahía es la primera vez que se maneja con un ventarrón de proa semejante y la experiencia ha sido muy positiva, tanto por el barco como por la tripulación.
Amarramos en el muelle de espera del club náutico y enseguida aparece nuestro cofrade Sotileza para darnos la bienvenida,
Le invitamos a comer con nosotros, una espectacular pierna de cordero al horno, para resarcirnos de semejante varapalo y un exquisito vino de la tierra traído del Sutileza (precioso y marinero barco) nos devuelve las alegrías.
Continuará….
Siento no poder insertar fotos de momento
Salud
