Llegábamos a un puerto de la costa de Barcelona al amanecer, después de 30 horas de perros, oleaje y lluvia y al llegar bien agotados nos recibió la GC dentro del puerto, y aunque vió que íbamos para un amarre determinado nos hizo desviar a la gasolinera.
Allí con bastantes malas maneras y comentarios rayando en la ilegalidad por parte de uno de los dos componentes, nos tuvieron 40 minutos releyendo la letra pequeña de todo lo que pidieron, mientras mi mujer ya había caido rendida en la bañera y yo intentaba no responderles con su misma mala leche para poder ir a dormir a mi amarre.
Hay veces que sale alguno que si se mordiera la lengua se envenenaría. Y salen demasiados teniendo en cuenta que no debería haber ninguno así.


