El propósito original de las inspecciones es aumentar la seguridad de los navegantes.
Pero si añadimos una larga serie de obligaciones, requisitos y exigencias arbitrarias (de las que muchas veces no se sabe exactamente cómo cumplirlas), la cosa ya no queda tan clara.
Y si encima añadimos unas sanciones desproporcionadas (todas las infracciones que aparecen en el panfleto de La Chatarrera son graves, no hay leves), la cosa se tuerce claramente.
Y si finalmente la normativa tiene todas las trazas de ser ilegal, la cosa ya apesta.
No brindo.